La historia es vida            -II-
Los de la villa de Cuéllar que son los más próximos viendo el mucho concurso de gentes que allí acudían, y lo que la Santa Imagen era respetada por las muchas maravillas que el señor obraba en ella, como pueblo rico y noble, edificaron unos aposentos de buena proporción y traza, para que los que iban a visitar a la Santa Imagen tuviesen donde guarecerse en el invierno de los fríos, y en el verano del calor del sol, y para que las procesiones y las cofradías que acudían de toda la comarca hiciesen sus juntas y cabildos. Imagen original del periódico
Ofrecían allí las devotas mucha limosna, dineros, ropa, cera y otras joyas. Acordaron los de la misma villa que no estuviese aquello tan sin dueño, sino que lo pusiesen en manos de gente religiosa. Con esta consideración santa, rogaron al Abad y monjes de la orden de San Bernardo, que estaban allí cerca en el monasterio de Sacramenia, se encargasen de este Santuario. Recibiéronlo, e hiciéronles donación y entrega de todo como parece por la carta escrita en pergamino y en lengua Latina, fue esto en el año 1.185; y junto con ella el traslado en Castellano.

El Abad se llamaba D. Raimundo. Junto con la donación de la Ermita se le señalan términos de heredad, ponen por menudo las mojoneras. No dice en esta donación cosa alguna de la antigüedad de la casa, cueva o ermita, ni de la imagen; habla de ella como de cosa muy asentada, y devoción muy recibida.

No hay claridad en la villa de Cuéllar, ni en el Monasterio de Sacramenia de porque dejaron los religiosos Bernardos la casa, ni cuanto tiempo la tuvieron en su poder, o qué ocasiones hubo para que se tornase a los vecinos de Cuellar, porque después pusieron allí su cofradía, y la gobernaban como suya. Encargaban la Iglesia a algún ermitaño o santero, para que tuviese cuenta de limpiarla y encender la lámpara.

De ninguna de estas mudanzas hay escritura que de luz; lo que hay muy cierto, es que en el año 1402 el buen infante D. Fernando, que como se ha dicho fue rey de Aragón, siendo señor de la villa de Cuellar procuró con buen término, atrayendo con blandura a los cofrades de la Iglesia de Nuestra Señora de la Armedilla, que la diesen a la orden de San Jerónimo, certificándoles que estaría bien empleada y mejor servida, por el cuidado y reverencia con que esta Orden trataba estos lugares Santos trayéndoles algunos ejemplos de cosas que el sabía por tener tanta noticia de todas las de esta religión.

Inolinólos fácilmente a ellos, por la voluntad que le conocieron, y por el amor que le tenían, buen Príncipe y Señor.

El modo como se trató esto y las condiciones con que vinieron en ello, los de la villa de Cuellar y cofrades, se ve por las escrituras que se hallan en esta casa de Nuestra Señora.

No se detuvo mucho en la ejecución del negocio, porque el devoto infante; que había pocos años antes dado la ermita de Nuestra Señora de la mejorada a la Orden, mandó que de aquella casa, fuesen religiosos a tomar posesión del convento de la Armedilla.

J.J.A.M.

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