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EL NIÑO MENTIROSO.

Mentiroso es el que corrientemente afirma o niega un hecho concreto sabiendo perfectamente que lo que niega o afirma no es cierto, y esto lo hace con un afán de engaño.
Según esta definición podríamos afirmar que, en la práctica, es muy difícil que los niños mientan antes de los cinco años de edad. ¿Por qué?

Sus dos grandes capacidades mentales, raciocinio e imaginación, están mezcladas, de tal manera que en su pensamiento, o en su palabra hablada, se mezclan y alternan constantemente conceptos e ideas que son fruto, unas veces de su raciocinio y otras de su imaginación. Esta mezcla es lo que se llama mundo mágico de los niños, a través del cual desarrollan y ejercitando la imaginación como el raciocinio, pero sin separar que elementos corresponden a uno u otro.

LA MENTIRA A PARTIR DE LOS SEIS AÑOS DE EDAD
A partir de los seis años es frecuente en el niño la mentira. Todos los que se han preocupado de este tema admiten que pueda existir una predisposición familiar en este sentido.
El niño mentiroso se da con más frecuencia en aquellos ambientes donde se tiende a la exageración. Es exagerada la persona opuesta a la objetividad, porque se deja llevar por su carga subjetiva. Parece evidente que en la actualidad se ha incrementado en número de niños mentirosos de corta edad. No nos ha de extrañar, ya que vivimos inmersos en un mundo donde se exagera constantemente, es decir, donde se miente frecuentemente. Buena parte de la propaganda en la que estamos sumergidos se funda en la exageración de las cualidades de ciertos productos.
Ante un niño mentiroso que ha cumplido los seis años de edad se pueden adoptar varias posturas: el castigo será conveniente algunas veces; (cosa que no es muy aconsejable) avergonzarle, es decir, lesionarle el amor propio para superar un vergonzoso defecto que le puede llevar a situaciones sociales grotescas, vergonzosas o incluso graves.
Es imprescindible estimular su sentido de responsabilidad, haciéndole ver y comprender que mintiendo se destroza una de las bases fundamentales de la humanidad. Si todos mintiéramos, nuestro mundo se convertiría en una Torre de Babel.
Desde muy pequeño se debe enseñar al niño a ser veraz; que su sí sea sí, y su no sea no; y sobre todo, que en el ambiente del hogar no sólo no se mienta, sino que no exista el más pequeño amago de doblez. La doblez es una pésima escuela en la que el niño aprende a engañar.


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