Educación
EDUCACIÓN
LA AMISTAD CON LOS HIJOS.

En la actualidad se habla constantemente de los problemas de adaptación, que existen entre la forma de actuar de padres e hijos. No voy a intentare reflejar el grado de culpabilidad de unos u otros, sino que voy a trasladar el problema a los primeros años de vida del niño; en los cuales se debe tener muy en cuenta el grado de amistad entre ambos. La amistad entre padres e hijos se produce de forma espontánea y depende, como es lógico de la manera de ser y comportarse de unos y otros, especialmente de los padres. Cada caso tiene unas características propias, pero existen algunos aspectos genéricos, que vale la pena comentar.
En primer lugar, la amistad entre padres e hijos ha de iniciarse a partir del año y medio o dos años de edad. Es frecuente que muchos de familia, incluso los que están cargados de la mejor voluntad,. se acerquen poco a sus hijos pequeños y cuando lo hacen, es generalmente para admirarlos, para observar cómo juegan o para tenerlos un ratito en sus brazos, todo ello mezclado con los primeros castigos y ragaños.

EXPERIENCIAS

Existe una curiosa experiencia psicológica que pone de relieve las consecuencias subjetivas de esta convivencia personal. Si se invita a un niño a pintar a su padre, es frecuente que lo dibuje a un tamaño dos o tres veces más grande que las figuras normales. Es evidente que para un gran número de pequeños la figura del padre se agiganta, se la representan como algo superior, algo que les impone respeto y temor. ¿No consideran los padres que esto no es adecuado para crear más tarde una sincero amistad? Hay padres que, conscientes de este hecho, o simplemente porque tienen como base de su postura educacional el gran lema "hacer la vida agradable a los demás", participan intensamente en los juegos de sus hijos. Y es que la amistad se obtiene a partir de un "tú a tú", requisito previo y difícil de alcanzar por un padre que, al mismo tiempo, ha de saber hacerse obedecer y respetar.
Pasados los cuatro años, cada padre obtendrá la amistad de sus hijos según la fórmula que le parezca más oportuna. A esta edad es preciso que sean los niños los que hablen, que sean ellos quienes expliquen sus preocupaciones, incluso sus cuentos. Si así se hace, se tiene la gran oportunidad de poderles conocer, y saber que escala de valores se está formando en su interior.
A partir de los cinco o seis años, es necesario participar y estar presente en sus diversiones, en sus estudios y sobre todo, en sus pequeñas enfermedades. Es conveniente crear en casa pequeños ratos de tertulia, donde surja la conversación y el comentario sobre los hechos ocurridos en el transcurso de la jornada.
Sería injusto por parte de los padres, el no buscar dentro del horario de cada día, un tiempo determinado para los hijos; y por el contrario, si que se tiene tiempo en las horas libres para leer el periódico, ver la televisión, etc. ¿No creen que es una lástima, que con tanto tiempo como se pierde cada día, no se dedique una parte del mismo a nuestros hijos?



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