Refranes comentados

REFRANES COMENTADOS



"A la de amarillo, no es menester pedielo".
Se utiliza en alusión de personas de poca honra o mala fama. Se acuñó el refrán en tiempos de Luis IX de Francia cundo para diferenciar a las prostitutas de las damas, se ordenó que estas últimas ciñeran en la cintura una banda amarilla, pero como las rameras, para no parecer que lo eran, adoptaron también este distintivo, la confusión creada hizo nacer este otro refrán: "más vale buena fama que cintura dorada".

"A las doce, el que no tenga pan, que retoce".
Antiguamente las doce era la hora usual del almuerzo en el campo y dado que la expresión "comer la olla antes de las doce" significaba anticipar los goces del matrimonio, este refrán aconseja que si algo no puede hacerse, no hay que perder el tiempo en la espera y dedicarse a otra labor

"A mal Cristo, mucha sangre".
. Moteja este refrán, el recurso de qué se han valido siempre los artistas chapuceros. Al pintor de Orbaneja le preguntaron qué estaba pintando, respondió: "Si sale con barbas, San Antón; si no, la Purísima Concepción".

"A palabras necias, oídos sordos".
A Aristóteles, un ciudadano que hablaba por los codos, acabó por pedirle perdón por tanta berborrea, y dijo el filósofo: "Hermano, no tenéis de qué pedirme perdón, pues pensaba en otras cosas y no os he escuchado una sola palabra".

"A palabras torcidas, respuesta derecha".
Así lo hizo una vez Bernard Shaw cuando, en una reunión de sociedad, de buenas a primeras le preguntó alguien: "-¿No fue su padre un modesto sastre?" "-Sí , repuso el dramaturgo". "-Me gustaría saber por qué no es sastre usted también" "-Por lo mismo que usted, acaso, es hijo de un perfecto caballero, dista de serlo".

"A quien dice mal, uno; al lisonjero, ninguno".
A Diógenes le preguntaron qué picadura de animal consideraba más ponzoñosa, respondió: "De los animales bravos, la del maldiciente; de los mansos, la del lisonjero".

"A quien madruga, Dios le ayuda".
Esteban de Garibay, cuando oyó a su padre que a cierto madrugador le había premiado la fortuna con el hallazgo en la calle, de una bolsa de doblones, dijo: "Pues como madrugador, padre, más madrugó el que perdió la bolsa".

"A tal pregunta, tal respuesta".
A Valle Inclán le llamaron a rellenar el formulario para obtener el visado de entrada en los Estados Unidos. Como en una de las casillas se le preguntase si abrigaba el propósito de asesinar al presidente, respondió: "¡Arrea! ¿Y en qué lo han notado ustedes?".

"Al buen callar llaman Sancho".
Alaba la discreción en el hablar, considerada siempre como una virtud. Bien lo sabía Sancho II de Castilla, el cual (de ahí el origen del refrán) supo ejercitarla con provecho cuando su padre Fernando el Magno, legó la ciudad de Zamora a su hija, doña Urraca.

"Al cruel, serlo con él".
Aconseja que al trato poco afable se debe corresponder de la misma manera. Así lo hicieron una vez, puesto que se aborrecían, la maligna Madame de Ataël, que era bizca, y el pérfido Talleyrand, que era cojo, al decirse: "¿Cómo va, amigo mío, esa pobrecita pierna?", y la respuesta fue: "Torcida, como usted ve, señora mía""

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Refranes comentados nº2 del periódico Nº 119

Refranes comentados nº3 del periódico Nº 120

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