Por los campos de Cogeces

POR LOS CAMPOS DE COGECES



Hoy ha sido el buen Albino
al que marcó la ruleta,
al que le cerró la puerta,
al que cercenó el destino.

Muy poca suerte ha tenido,
¡quién lo podría pensar!,
se me ha olvidado el hablar
y he exhalado un gran suspiro.

Porque ha muerto un gran amigo
de una forma inesperada,
si la muerte le acechaba
poco esperó por Albino.

Es el sino y el destino,
porque la muerte no espera,
sin que nadie lo quisiera
ayer emprendió el camino.

¡Cómo nos ha sorprendido!.
"Si me parece mentira!
ayer mismo a mediodía
estaba hablando contigo".

Esto decía un vecino
casi llorando de pena,
aún no cree que así sea
a pesar de haberlo visto.

Hay gran angustia en el pueblo,
no hay tractores en el campo,
en el redil, el atajo
en la calle, el desconcierto.

Seguro que ya estará
contemplando su cebada,
asomado a una ventana
desde el cielo de cristal.

Si un día sale empedrado,
aparta unas pocas piedras
o todas las que tu quieras
porque estás acostumbrado.

Saldrá el sol por la rendija,
las mañanas brillarán,
las tardes perdurarán
y será más largo el día.

Desde el más alto cerral,
verás a placer el campo,
míralo de vez en cuando
si amarillo o verde está.

Y si la lluvia hace falta
abre las puertas del cielo,
que en cascadas caiga al suelo
desde una nube de plata.

Miraré fijo a una estrella
esta noche de verano,
si me saluda tu mano
se hará más breve mi espera.

He visitado el lugar
donde reposa tu cuerpo,
he rezado en tu recuerdo
una salve y mucho más.

Albino, descansa en paz,
en paz descansa, buen hombre,
nunca olvidaré tu nombre
ni olvidaré tu amistad.

Hablaré de ti mil veces,
siempre muy bien recordado,
con el tractor y el arado
por los campos de Cogeces.

Santiago Nieto

Entrevista a Saturnino Gómez García, anterior artículo Ir a las portadas de los periódicos 111 al 120 Fauna y flora, artículo siguiente