Pregón de las fiestas de San Antonio de Padua 2000

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE SAN ANTOINIO DE PADUA 2000



Gracias, Filiche, por tu entrañable y emotiva presentación. Espero que, una vez me hayas oído, no te arrepientas de la loa que acabas de dedicarme.
Querido Eusebio Orrasco, Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de este nuestro querido pueblo de Cogeces del Monte, Concejales, Reina y Damas de honor, Mayordomos, queridas y queridos cogezanos, paisanos y amigos:
Antes de empezar el pregón, hoy, aquí, al pie de¡ Ayuntamiento de este pueblo de Castilla que tuvo que dejar marchar a muchos de sus hijos al País Vasco, en busca de trabajo, no puedo por menos que recordar y rendir homenaje a Jesús María Pedrosa, Concejal del Ayuntamiento de Durango, representante legítimo del pueblo, cruel, vil, salvajemente asesinado por el odio de la mafia-fascista de ETA, hace pocos días. Descansa en paz. Gracias por tu ejemplo y que tu sacrificio sirva para que el pueblo vasco consiga vivir en libertad y en paz.
Es ciertamente una hora, ésta, poco habitual para hacer un pregón de fiestas, pero ello me ha permitido poder cumplir con la promesa que le hice a nuestro Alcalde de estar hoy con vosotros y tener la oportunidad y el honor de pregonar en mi pueblo, a mis paisanos, queridos y orgullosos cogezanos, las fiestas de San Antonio. Nada menos que las fiestas de San Antonio 2000. San Antonio de Lisboa por nacimiento y de Padua por adopción y tránsito Patrón milagrero de esta muy noble, acogedora y antiquísima Villa de Cogeces del Monte, cuyos orígenes se pierden en el más allá de lo que llamamos Historia: No faltan, como sabéis, en el término Municipal, vestigios de las antiguas civilizaciones que habitaron la península ibérica, empezando, acaso, por los Celtas que fueron dejando huellas evidentes de su paso por estos extensos pagos que desde siempre han sido caminos de Mesta para la trashumancia de ganados y de gentes- no en vano dotó la naturaleza a nuestro término municipal de numerosas fuentes, arroyos, vaguadas, valles, cerros y cerrales perfectamente aptos para construir corrales y torres estratégicamente colocados para control y vigilancia de los caminos de Mesta a lo largo también de la dominación romana y visigótica.
Hoy todavía pueden verse vestigios de ellos, algunos continuamente rehechos a lo largo de los siglos, en cercas, corrales y chozos.
Qué duda cabe de que a lo largo de la Edad Media Cogeces del Monte tuvo una importancia creciente. Las venerables e impresionantes ruinas del Convento de la Armedilla son testimonio incontestable (cuántas pesadillas y miedos me hicieron pasar de crío sus muros y espadaña cuando entre dos luces esperaba en la era,, al pie del convento, que llegaran de acarrear mi padre y mi tío Sabiniano). Convento, centro de convergencia y de despliegue, de acogida de peregrinos y servidores; escuela de Santos y de Sabios; escuela de capataces, de agricultores, de ganaderos, de herreros, panaderos y otros oficios que a partir de allí se asentaron no sólo en nuestro pueblo, sino en los pueblos de alrededor. Cogeces y el Convento, cruce de caminos, caminos de mesta y de comercio entre Cuéllar, Peñafiel, Tudela, los monasterios y villas de la ribera del Duero, etc, etc.
En el Renacimiento y siglo de oro aumentó su importancia: sólo contemplar la Iglesia parroquial y la plazuela nos confirma la idea de un pueblo pujante y dinámico. Son por otra parte, los años dorados del Convento de la Armedilla.
A mediados de los cincuenta, con el Rector del Seminario de Segovia, D. Julián García Hemando, natural de Campaspero, tuve la oportunidad de estudiar algunos documentos del archivo parroquias -entre ellos uno excepcional del entonces párroco D. Juan Rodrigo Martono, hijo del pueblo, titular de nuestro magnífico colegio, licenciado en Teología y Leyes, visitador del Santo Oficio que extendía su jurisdicción hasta la diócesis de Guadix- que dan buena muestra de la pujanza y dinamismo del Cogeces del Monte del siglo XVII.
No pecamos de soberbia ni fatuidad, si decimos que la fachada de nuestra iglesia es única en su género, en su maravillosa sencillez de retablo de piedra. (Lástima el ladrillo de la casa parroquial; con la vieja casa del cura, hermoso y recio caserón de piedra, el conjunto de la plazuela era de lo más armónico y hermoso que se podía ver en muchas leguas, y aún hoy, a pesar de todo). Que no esté resaltada en las Historias del arte de la provincia, no se entiende. Como menos comprensible es aún, que no figure nuestro retablo Mayor - maravilla - y los dos retablos laterales. Alcalde, hay que traer, como sea, al personal, que admire y predique lo que tenemos.
El orgullo de ser cogezano, la pena de venir demasiado poco por el pueblo y el recuerdo de mis fuertes y viejas vivencias me han desviado del camino. No estarnos aquí hoy para hablar de arte y de historia, antigua o reciente. En el entrañable y amigo periódico El Tiempo de Cogeces del Monte nos ha ilustrado con retazos de la historia del pueblo y de la Iglesia, el cura Juan Medina (gracias, enhorabuena y ánimo) y de la historia más reciente los apuntes de Teodosio Arribas, que en paz descanse y de Edicio. (Edicio, si estás por aquí, enhorabuena; parece que has nacido para narrar, describir, contar. En cuanto llega el número de El Tiempo busco rápidamente tu firma y, si está, ya descanso).
No hemos venido aquí, digo, para hablar de historia y de arte, sino a pregonar, a anunciar y cantar la inminencia del tiempo festivo más importante de nuestro pueblo: Cogezanos, queridos paisanos y amigos forasteros: ¡San Antonio 2000 está ya aquí!. Digo Cogezanos y amigos forasteros pero debería decir sólo amigos, porque en San Antonio nadie es forastero en Cogeces. San Antonio está ya aquí: preparemos las gargantas para el viva ese Morenito -por mucho que lo empalidezcan, siempre será "ese Morenito"- preparemos los pies para la procesión y la jota y los estómagos para la limonada y el lechazo.
Siguiendo el ejemplo de los grandes predicadores que han ocupado en San Antonio el púlpito parroquial, voy a hacer un alto en el pregón.
En los San Antonio de mi infancia y adolescencia los mayordomos tenían a gala traer al mejor predicador del contorno. Muchos recordaréis al llorado D. Juan José Moreno, cura de Torrescárcela; Don Millán Santos, desde Traspinedo primero, Valladolid después. Ambos repitieron vanas veces, porque gustaban de los que más. D.Marcos, párroco de Campaspero, con su porte y vozarr6n impresionantes D. Hilario ya desde Cantimpalos, ya de canónigo en Segovia. Los más famosos frailes de El Henar, D. Angelillo, D. Buenaventura Mozo - Ventura- a quien quiero recordar muy especialmente en este primer San Antonio que no está con nosotros: Ventura, te recordamos y te queremos, haz lo que puedas por nosotros.
Estos predicadores, decía, después de una introducción saludatoria, recitaban en latín una sentencia de un Santo Padre, que quería ser argumento de su sermón, y se callaban unos segundos, como esperando que le diésemos el visto bueno, el "adelante con el sermón".
No voy a recitar ningún texto de ningún Santo Padre y menos en latín. Esto es un pregón, es decir, una proclamación, un anuncio. Con el temblor típico de víspera y de alba os invito a la celebración de las fiestas de San Antonio 2000 con un sabio aforismo de un viejo sabio griego del S. V. antes de Cristo, Demócrito de Abdera:
"VIDA SIN FIESTAS ES CUAN LARGO CAMINO SIN POSADAS; DE NECIOS ES VIVIR SIN GOZAR LA VIDA".

Con el bueno de Demócrito de Abdera, con el Alcalde y la Corporación Municipal, con la Reina y las damas de honor, con los mayordomos, quiero, digo, convocaras a la Fiesta Mayor de esta villa de Cogeces del Monte. A vivir a tope la fiesta de San Antonio como conjunción de sentimientos, de recuerdos, de vivencias. Con los ritos de la fiesta representamos la esencia de lo que somos, fiesta y ritos que nos hacen volcarnos en lo común, a desgranar con parsimonia y sonrisa cómplice el aleteo de espíritus familiares, parientes, cercanos...
Imaginemos un largo camino sin posadas, sólo con máquinas expendedoras de bebidas para la sed urgente. (Recordad ciertas películas americanas... En un interminable desierto, en el que sólo se mueven, en torbellinos de polvo, unos matojos muertos... te topas una vez con una casa desvencijada, un poste de gasolina sin gasolinera y una destartalada máquina de Coca-Cola ....). Eso no es viajar, caminar; es un correr ansioso por acabar pronto el camino, para llegar al final cuanto antes. Tal camino solo tiene sentido por su final, en su acabar. Fijaos; si vivimos así nuestras vidas-camino, será vivirlas deprisa, deprisa, para acabarlas cuanto antes. Sería un vivir, solo, para dejar de vivir; como si el sentido de nuestras vidas fuera el terminar, dejar de ser, vivir buscando deprisa, deprisa la muerte ¿Quién podría decir, entonces, que ha vivido?
La vida, por el contrario, es lo que tenemos, SISTE VIATOR: DETENTE CAMINANTE!. Reposemos en la posada, en las fiestas, hablando de nuestro viaje - de nuestras vidas- intercambiando experiencias de nuestro viaje -de nuestras vidas-. Fiestas- posada para convivir, que eso es vivir. Sólo se está solo Cuando terminamos, cuando morimos. Estamos en la fiesta Mayor -la gran posada-. Tenemos también en el pueblo otras fiestas señaladas como la ya irrenunciable de la Virgen de la Armedilla, Las Agedas, la fiesta de los quintos ...... posadas en el camino que nos hacen recordar y vivir la historia del común del pueblo de Cogeces; celebrar y revivir miles de vidas e historias, buenas y malas, agradables y desagradables, duras y placenteras; vidas e historias que han conformado la vida y la historia del pueblo y con ella la historia y la vida de miles y miles de personas, de Cogezanos, residentes o emigrados, que para bien y para mal somos lo que somos, en gran medida, por haber nacido y convivido aquí y tener aquí nuestros antepasados, y que consciente o inconscientemente, llevarnos estampillado el sello de Cogeces del Monte y con orgullo nos llamamos Cogezanos.
Es hermoso y obligado que de vez en cuando hagamos un alto en el camino y nos tomemos tiempo para miramos, para escuchamos, para hablar de futuro. Futuro imprevisible, con toda seguridad, era el hoy -San Antonio 2000- hace 50, 60 años. Los paisanos de mi edad y mayores me darán la razón. Hace menos de 60 años estábamos aún en la civilización del arado romano y hoy estarnos en Internet, (buena página Javier y compañía), incluso tenemos un Museo de la Ciencia.
Duros años los de las décadas de los 40 y 50 y- aún los 60. Los niños hacinados en las cuatro escuelas, con las mangas del jersey tiesas de mocos, con la pizarra y el pizarrín y el trapo de borrar colgado de la pizarra; la tinta que lo emborronaba todo, sabañones a porrillo, con la calle por patio y urinario. Alrededor de cien niños por Maestro. Maestros mártires y sabios, con una dedicación total a los niños y a los padres. Además de historia y geografía y matemáticas aprendíamos disciplina, cooperación y trabajo solidario: los más grandes hacíamos de maestrillos con los más chicos, Niños revoltosos e inquietos, pero ciertamente disciplinados.
Dª. Adriana, Dª. Gila, D. Salvador, D. Valentín... en cuántas generaciones dejaron su impronta, la huella de su buen hacer!.
De chicos la vida no era fácil, pero al fin niños. La vida dura, de verdad, la de los mayores. Vida difícil, costosa. Trabajo duro, continuo, como continuo era mirar- al ciclo: si llueve; si hiela a destiempo; si no llueve en San Isidro, si el pedrisco en San Juan, o por Santiago y muere en media hora el trabajo de todo el año. Ni descanso los domingos de verano: la misa de alba... y a continuar la tarea. Visto desde aquí y ahora, efectivamente el trabajo parece que era el castigo bíblico, por la desobediencia original de Adán y Eva: ganarás el pan con el sudor de tu frente. Y cuando se había recolectado todo bien, o mal, la Fiscalía de Tasas .....
La verdad es que en nuestro pueblo nunca lo oí, pero sí en algún pueblo cercano: se perdía más si moría un macho o una vaca que un niño ..... ¡Tiempos!. Acaso sólo Campaspero tenía más barro que nosotros! y las comunicaciones!. Dos horas y media el coche de línea a Valladolid, y cuántas veces con la baca llena de gente. Los viejos coches de punto de Aquilino y Bruno y un día la novedad, el progreso del gasógeno de Lucio. Recuerdo la llegada del primer seiscientos al pueblo, que llegó casi inservible porque Teófilo lo trajo desde Madrid en primera. La camioneta de la guerra del 14 del Sr. Granicero, el primer tractor carísimo y de segunda mano, creo que de Gaudencio ......
Y de repente - a mí, que venía ya sólo en vacaciones al pueblo, me parecía milagroso - empiezan a proliferar las segadoras, las trilladoras, pero ya inmediatamente, como si hubiera comenzado una carrera imparable, las cosechadoras, las flotas de camiones del pueblo: parecía un enloquecimiento colectivo: todo el mundo tenía que tener su tractor y su cosechadora. Por supuesto, había más maquinaria pesada que turismos y motos. (Incluso el imperio del arado de vertedera duró un suspiro!). Unos cuántos pioneros, por entonces, creyeron en el futuro de un pueblo con iniciativas. No puedo dejar de recordar como a un pionero a mi padre, el Sr. Quiliano, intentando convencer a los agricultores de las ventajas de contratar seguros contra el pedrisco, la sequía, etc. cosa que hoy es común y nos permite no estar tan pendientes de la lluvia, la sequía, la tormenta, el fuego .....
Más de un disgusto le costó con el banco -pero él lo llevaba con mucha tranquilidad, porque sabía que era para bien del pueblo- alargar los vencimientos de los créditos, cuando las cosas no había ido bien para el transporte o con la cosecha.
En el mundo de las máquinas sí fuimos bastante precoces, pero también en otros aspectos, Por ejemplo, la traída del agua desde Fuentelapeña al pueblo, ¿pudo ser en el año 44?. Tener en casa agua corriente, poder prescindir de bajar al arroyo a lavar la ropa y a Fuentecita a llenar los cántaros y los botijos...
Todos vosotros conocéis mucho mejor que yo la historia reciente del pueblo, porque la habéis hecho y se os ve orgullosos de ello.
Quiero, nada más y para ir terminando, resaltar un par de situaciones y circunstancias de las que siempre he presumido, como hijo del pueblo, por allí por donde he pasado.
La primera, destacar el trabajo cooperativo y solidario: mientras en otros pueblos no se hacían obras públicas, ya de infraestructura, ya de embellecimiento del pueblo, deportivas, o de arreglos de la Iglesia, etc. porque no tenían subvención del Gobierno o de la Diputación, aquí en Cogeces sí se hicieron con la aportación de mano de obra, jornales, yuntas, dinero de los vecinos, incluso de los que vivíamos fuera. (Esteban, cuántas cosas se hicieron en tus años de Alcalde!).
Paradójicamente, parecía que después de las primeras elecciones democráticas había más disputas, más división que conjunción, parálisis en la cooperación y obra común. Hoy parece que las cosas se han asentado de nuevo y que, efectivamente la convivencia en democracia nos refuerza en el sentido de lo común, del trabajo de todos para todos. No hemos perdido la fuerza del ayer- la pervivencia de costumbres, valores y ritos nos lo confirma (y si no démonos una vuelta por el Museo del Ayer, excelente realización de una idea que siempre me rondó por la cabeza y que Eusebio Orrasco ha hecho muy bien). Desde aquí hay que seguir construyendo el Cogeces del Monte del Siglo XXI que ha de ser más esplendoroso, porque tiene muy claro a donde quiere llegar ¿o no?.
La segunda de las situaciones que quería destacar la dejaré para otro día, porque me estoy alargando demasiado y hace un frío que aconseja otras actividades y escenarios. Iba a hablar ahora de los que nos fuimos. Para otro día, digo. Para terminar, permitidme que en representación de todos ellos, lea un poema de uno de los hombres que más ha amado y ama y añora a su pueblo desde que en 1936 se fue a Argentina, Pedro Andrés Arranz; no hay día que no escriba algún suspiro por Cogeces.

COGECES VIVO EN MI RECUERDO
Aquel rincón castellano,
lucero que mi ausencia guía,
en mí corazón palpita
vivo de noche y de día.

Del llano vengo, del llano,
motril que el sol adormila,
los ojos llenos de sueños
y el horizonte de espigas.

Si yo pudiera volver
como hacen las golondrinas,
no habría pena lejana
ni añoranza a la deriva.

Qué lejos están, qué lejos,
los sueños de mi niñez.
Por ellos, de tanto en tanto,
por ellos vuelvo una vez.

Ni otros polvos, ni otros vientos,
borraron de mis sandalias
los polvos que traje antaño
de tus calles y tus plazas.

El tamboril y la dulzaina,
y, ¡Viva ese morenito!
de San Antonio la danza,
danza que danza sin pausa,
y mi corazón en grito.

Ay, Virgen de la Amedilla
y del Henar, encendidas
como dos cirios de amor
en esta lejana orilla.

Cogezanos: jubilados y niños, jóvenes y maduros, Reina y Damas, Guardias Civiles, Cura y Alcalde, todos a bailar, ¡que empieza la fiesta ya! ¡Viva San Antonio!. ¡Viva ese morenito!.


Pedro Arranz Arribas


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