Noviazgo y boda en los años 50

NOVIAZGO Y BODA EN LOS AÑOS 50



A través de este artículo quisiera ofrecer a los lectores de la revista la forma cómo en los años 50 los jóvenes nos relacionábamos y comenzábamos el noviazgo y más tarde el matrimonio.
Por entonces las formas más habituales de hablar entre los jóvenes durante la semana era por la noche. Las mozas íbamos a la novena y los mozos nos esperaban a la salida de la Iglesia. Nos reuníamos en el rincón de la casa de Orencia y José. Cuando llegábamos allí, los mozos se acercaban y comenzábamos a hablar. ¡Vamos que íbamos a la novena por las dos cosas!.
Otra de las formas para entablar relación, era el baile en el salón de Gabriel Esteban. El salón se abría en Bodas, Fiesta de Quintos, Domingos y días de Fiesta. Era un sencillo salón, pero muy amplio. Se abría a las siete o siete y media y los primeros en llegar eran los mozos. Las mozas llegábamos después y no pagábamos. Ellos nos estaban esperando y nos pedían baile. Nosotras les dábamos la vez: El primero que toque, o el segundo o el quinto. Cuando bailabas más con algún mozo, la gente enseguida comentaba: ¡Esa pareja son novios!, y era verdad.
Una vez que el noviazgo se había formalizado, el novio no esperaba más a la novia en la calle. Una noche decidía pedir la entrada a sus futuros suegros, manifestando las buenas intenciones en la relación. Si los suegros quedaban satisfechos, a partir de entonces podía entrar en casa y era uno más de la familia.
La novia desde ese momento empezaba a bordar el ajuar, o sea, la ropa blanca que se necesita en una casa.
Pasado un año, se comenzaba a arreglar la boda. Una noche, el novio acompañado de sus padres y de un hermano, se acercaba a la casa de la novia para hablar sobre la celebración. Entre los asuntos que se trataban, el más importante era fijar la fecha de la boda, que solía ser casi siempre después del verano. La dote de la novia, que consistía en darla una tierra o dinero. Elegir los padrinos, que solían ser casi siempre los padrinos de bautismo del novio. La moza del cesto, que podía ser una hija de la madrina o una joven de la familia.
Los padres del novio pagaban los gastos de las dos familias, ya que por entonces había esa costumbre y se hacía todo en su casa.
La víspera de la boda, la novia invitaba a las dos familias, amigos, vecinas y amistades a su casa a que vieran el ajuar, la habitación, la camisa del novio y el vestido negro o azul que llevaría el día de la boda (era muy pocas novias las que llevaban vestido blanco del día de la boda).
El día de la boda, a las 10 de la mañana llegaba el novio con sus invitados a por la novia. Un hermano o familiar de la novia se ponía a la puerta con una espada y dirigiéndose al novio le decía: "La novia no sale hasta que sueltes la propina". Luego comenzaba el regateo hasta que las dos partes se ponían de acuerdo y el novio pagaba la cantidad acordada. Los presentes lo pasaban muy bien.
La novia salía de su casa camino de la Iglesia y el sacerdote esperaba a la comitiva a la puerta de la Iglesia. En el portal se celebraba el acto del consentimiento. Una vez terminado, se entraba en la Iglesia y los novios con los padrinos se ponían de rodillas delante del altar mayor. La moza del cesto se ponía también de rodillas en un comulgatorio detrás de los novios y padrinos. En el cesto llevaba un obsequio comestible tapado con una bonita toalla para el sacerdote, que le entregaba después de la Eucaristía.
Cuando todo el mundo estaba en la Iglesia, comenzaba la celebración de la misa y era cantada por un coro de chicas jóvenes. Al llegar el momento de la consagración, los monaguillos nos ponían el yugo. A la novia por encima de la cabeza, al novio por el hombro. El yugo era un paño rectangular, bordado en oro, con el cual se significaba que los novios ya estaban unidos a los ojos de la Iglesia. Después de la comunión, los monaguillos quitaban el yugo a los nuevos esposos.
Cuando se terminaba la misa, se recibía la enhorabuena, y entre vítores se iba a la casa del novio a almorzar chocolate y queso. Después se corría la cazuela, que era recorrer el pueblo pidiendo la gala. La gente al oír el bullicio, salía a la puerta de su casa con la gala. La mayoría te daban utensilios para la cocina, otros dinero, (una peseta) dependiendo del parentesco o la amistad. Una vez que se terminaba de recorrer el pueblo, se contaba el dinero y las cosas que les habían regalado a los novios. La comida de la boda consistía en paella, lechazo, conejo, vino de cosecha y postre. La comida transcurría entre risas y cantos. Después de comer, se ponía una bandeja en la mesa de los novios y los invitados pasaban para entregar la gala. Después se pasaba al baile y los invitados pagaban una cantidad por bailar un baile con la novia. La sesión se acababa bailando una jota. Después del baile la cena y entonces la juventud no deja que los novios se fueran. Pero en un descuido los novios se escapaban. El domingo volvían a comer los más allegados con lo que había sobrado. El lunes el novio a trabajar y la novia a ordenar la casa del novio. Después iba con la ropa a lavarla al lavadero de Fuentecita, Fuentemayor o Fuente la Peña. Esta fuente estaba en el lugar de las piscinas. Así era la luna de miel.

AGUSTINA GARCIA



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