La quema de los rastrojos y la erosión

LA QUEMA DE LOS RASTROJOS Y LA EROSIÓN



Se trata de una práctica agrícola muy extendida en España y en particular en Castilla. Sobre su conveniencia o no, se ha escrito y discutido mucho y no vamos a entrar en detalles técnicos, simplemente vamos a resumir algunas de las ideas más extendidas y que muchos agricultores conocen.
Por un lado, la quema de los rastrojos facilita el trabajo posterior del agricultor y evita la tarea de enterrar estos materiales. Al mismo tiempo, se eliminan malas hierbas y parásitos de índole diversa que, sobre todo abundan en las tierras que no se someten a rotaciones adecuadas de los cultivos.
Por otro lado, la quema del rastrojo afecta a gran parte de la materia orgánica existente en el suelo (presente en el "humus") que se destruye durante el calentamiento con la necesidad de una reposición posterior. La eliminación del "humus" en los suelos es una de las causas de la erosión que puede conducir a procesos de desertización.
Durante el calentamiento que tiene lugar durante la quema se produce una pérdida de humedad de la tierra lo cual puede afectar a algunas propiedades del suelo, como la plasticidad y la permeabilidad. Dicho calentamiento puede también provocar alguna transformación química y mineralógica en los componentes inorgánicos del suelo, como los filosilicatos, algunos óxidos hidratados y ciertas oxisales. En ocasiones, cuando la temperatura alcanzada es alta (debido al viento o a la abundancia de paja) tales transformaciones son irreversibles y la naturaleza del suelo va cambiando con los años variando su acidez. Al mismo tiempo, algunos elementos que estaban retenidos en las arcillas (sodio, potasio, magnesio,...) se pueden liberar a mayor velocidad de lo deseable dando lugar a desequilibrios y a consumos anómalos. Un factor a considerar es la pendiente de los terrenos. Se sabe que en terrenos horizontales la influencia negativa de la erosión es menor que en terrenos situados en pendientes, ya que el arrastre es mucho menor. Sin embargo, en ambos casos, no es bueno que inmediatamente después de la quema haya un régimen intenso de lluvias. Si el terreno es muy llano los elementos que se pueden liberar por las transformaciones químicas mencionadas se filtran hacia capas más internas y, probablemente, alcancen algún acuífero, perdiéndose para siempre. Si el terreno se encuentra en pendiente, la falta de cohesión acentuada por la pérdida de vegetación implica el arrastre de partículas finas y ligeras, es decir la pérdida de los restos de materia orgánica y de los coloides que forman los filosilicatos de las arcillas. Una forma de frenar, aunque no de impedir totalmente, este proceso es el laboreo de modo que, los surcos sean horizontales o en la misma curva de nivel y no en pendiente, como se hace cuando las tierras son alargadas.
Todos los agricultores conocen las alternativas a la quema de los rastrojos, una recogida más exhaustiva de la paja, el esparcimiento de lo que queda (con o sin picado) y la entrada de ganado en las tierras que, además aportan abono con sus "detrítus". Además, la lenta putrefacción de los restos vegetales y animales provoca un leve aumento de la temperatura de la capa superficial del suelo, evitando su excesivo enfriamiento y la desactivación de algunos de sus seres vivos.
A largo plazo y como consecuencia de todas las consideraciones hechas es fácil deducir que no es conveniente abusar en la quema de rastrojo, como ya se está haciendo en otras zonas de nuestro país.

A. del Valle González



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