La historia es vida

LA HISTORIA ES VIDA



Siguiendo con la explicación de nuestro retablo mayor, quisiera en este número hablar de una de las figuras que aparecen a los lados del sagrario.
A los lados del sagrario del retablo mayor, aparecen las figuras de San Pedro y San Pablo, dos de los personajes más significativos de la primitiva Iglesia. Pedro desde la tradición judía y Pablo desde su predicación a los gentiles. No es de extrañar, que estas dos figuras estén siempre a los lados del sagrario, recordando que los dos fueron, dentro del grupo de los discípulos, los más cercanos a Nuestro Señor.
Pedro fue uno de los 12 discípulos que siguieron a Jesús. Era natural de Betsaida, ciudad de Galilea, en la ribera del lago de Genesaret. Su oficio era el de pescador y conoció a Jesús a través de su hermano Andrés. El Evangelio refleja como fue la llamada de Jesús a Pedro: "Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: Veníos detrás de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron al instante las redes y lo siguieron".
En el Evangelio, la figura de Pedro es resaltada constantemente. Será dentro del grupo de los discípulos de Jesús, uno de los más cercanos al maestro y en los relatos evangélicos, estará presente en los momentos más importantes de la vida, muerte y resurrección de Jesús.
Jesús otorgó a Pedro un puesto significativo dentro del grupo de sus discípulos: "Dichoso tú, Simón hijo de Juan, porque eso no te lo ha rebelado ningún mortal, sino mi padre que está en los cielos. Yo te digo: tú eres Pedro y sobre ésta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".
Una piadosa tradición cuenta que, durante la cruenta persecución de Nerón contra los cristianos, Pedro huía de Roma a petición de la comunidad cristiana, para buscar un lugar más seguro. Cuando salía por las puertas de la ciudad, se encontró a Jesús cargado con la cruz. Pedro le preguntó: "Domine, ¿quo vadis?" (Señor, ¿adonde vas?). Cristo le dijo: " A Roma, a dejarme crucificar de nuevo". Pedro entendió la lección y volvió a la ciudad, donde le esperaba la cruz. Echo prisionero por el Prefecto Agripa, le condenó a morir en la cruz ya que no era ciudadano romano. Cuando iban a crucificarlo, cuenta la tradición que San Pedro se dirigió a sus verdugos y les dijo lo siguiente: "Cuando crucificaron a mi Señor, pusieron su cuerpo sobre la cruz en posición natural, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, porque mi Señor descendió desde el cielo a la tierra; a mí en cambio, debéis ponerme de manera distinta: con la cabeza abajo y los pies arriba; porque además de que no soy digno de ser crucificado del mismo modo que él, yo voy a recibir la gracia de su llamada y voy a subir desde la tierra al cielo. Os ruego que al clavarme en la cruz, mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero".
Pedro murió en Roma crucificado boca abajo hacía el año 67, siendo emperador Nerón.
En nuestro retablo mayor, San Pedro aparece representado al estilo del renacimiento como un hombre rudo, con barba, túnica y con la mirada dirigida hacia lo alto. En su mano derecha tiene unas llaves, uno de los símbolos más significativos del apóstol. Su fiesta es el 29 de Junio, día de su martirio. Juntamente con Pedro, la Iglesia celebra la memoria de Pablo, también martirizado el mismo día. Juan Medina Gozalo


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