La historia es vida
LA HISTORIA ES VIDA


Siguiendo con la explicación de la base de nuestro retablo, nos encontramos con las figuras de dos obispos y padres de la Iglesia: San Ambrosio y San Agustín. Una de las cosas que más llama la atención, es la estrecha relación entre los dos. San Ambrosio influyó de una manera determinante para que San Agustín se convirtiera al cristianismo. Los dos fueron obispos y obispos por aclamación. En aquella época era normal que los fieles eligieran a sus obispos en votación. La elección era muy sencilla. Los fieles se reunían en la catedral o en su caso en una iglesia y proponían en voz alta al candidato para el puesto de obispo. La gente una vez que oía los candidatos los elegía, aclamando a uno o guardando silencio ante el otro. Los dos fueron elegidos de una forma unánime y los dos, con su testimonio, vida y doctrina, ayudaron a que la iglesia no se apartara del camino marcado por Jesús. Fueron verdaderos pilares de la Iglesia naciente. No es de extrañar que aparezcan juntos en nuestro retablo mayor.

SAN AMBROSIO:
Nació en Roma y de joven estudió leyes y literatura. Al terminar sus estudios ejerció de abogado. Su fama fue grande por la elocuencia que empleaba en las causas que él llevaba. El emperador Valentiniano le nombró prefecto de las provincias de Liguria y Emilia, con sede en Milán. Estando Ambrosio en Milán, coincidió con la elección de obispo. Existían dos bandos enfrentados, hasta tal punto, que tuvo que intervenir para poner paz en la catedral. Ante su estupor, los fieles allí congregados le eligieron por unanimidad obispo. Ambrosio rechazó el ofrecimiento, pero el pueblo acudió al emperador para que apoyara su causa. Este le liberó de su cargo de prefecto (juez) y ratificó la elección realizada por el pueblo.

San Ambrosio influyó en la conversión de San Agustín. Un día que estaba San Agustín en la catedral escuchando a San Ambrosio, éste comenzó a refutar los errores de la secta maniquea de una forma tan clara y convincente, que logró arrancar del corazón de San Agustín y de su mente sus ideas maniqueas, que le apartaban de la verdadera fe de la Iglesia. No es de extrañar que esté representado en nuestro retablo mirando a San Agustín y con el corazón de éste en su mano izquierda. San Ambrosio fue el padre en la fe de San Agustín. Su fiesta se celebra el 7 de Diciembre.

SAN AGUSTÍN:
Agustín nació en Tagaste, una pequeña ciudad de Numidia en el año 354. Sus padres se llamaban Patrocinio y Mónica. Fue educado en la fe cristiana, pero no fue bautizado. De muy joven sintió la necesidad de encontrar la Verdad, el sentido de la vida y el origen de cuanto existe. Esta idea, que marcó su juventud, la creyó encontrar en la Filosofía maniquea, que afirmaba que la encarnación de Cristo no se realizó en un cuerpo real sino aparente y negaba la resurrección de la carne. Después de mucho buscar, encontró la Verdad en la fe cristiana, que su madre Mónica le había enseñado de muy pequeño. En una de sus obras, "Las confesiones", San Agustín pronunciará, después de su conversión al cristianismo, una de sus frases más célebres: "!Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!. Y tú estabas dentro de mí y yo fuera, y así por fuera te buscaba".

Se convierte al cristianismo a la edad de 33 años, influido por su madre y por las enseñanzas de San Ambrosio. En el año 387 es bautizado en Milán por el obispo San Ambrosio. Vuelve a su patria y junto con un grupo de amigos comienza una vida monacal. A los 41 años acepta la sede episcopal de Hipona, al ser elegido obispo por aclamación popular, donde permaneció 34 años.

Su primera labor fue la de instruir al pueblo cristiano a través de sus sermones. También fue un gran escritor y una de sus grandes obras fue "La ciudad de Dios", una obra filosófica, en la que contrapone el ambiente del mundo representado en Roma, con la ciudad de Dios, el cielo, al que todo creyente aspira. No es de extrañar que en nuestro retablo esté representado con una torre, símbolo de la ciudad de Dios. Además organizó la vida religiosa en las iglesias africanas, escribió comentarios a las Sagradas Escrituras y no descuidó sus obligaciones como obispo. Murió en el 430 cuando los vándalos sitiaban Hipona. Su fiesta se celebra el 28 de Agosto.

Juan Medina

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