En los últimos tiempos está surgiendo una gran preocupación por la conservación del medio natural, no sólo para el deleite de nuestros sentidos, sino también porque nos hemos dado cuenta que nuestra salud y bienestar depende del estado en que se encuentre nuestro medio ambiente, con el que estamos interelacionandos continuamente. Se ha comprobado que algunas de las enfermedades que padecemos, son consecuencia de las perturbaciones a que sometemos a la Naturaleza. También se sabe que los mares están empezando a dar síntomas de agotamiento, no sólo por la sobreexplotación, sino también por la presencia de metales pesados y compuestos orgánicos que, sobre todo en algunas zonas del globo (Mar Mediterráneo, Mar Báltico, etc.) empiezan estar muy concentrados. Pero también la tierra muestra signos de contaminación y debilitamiento en algunas zonas, incluso de nuestra Península. Recordemos que en el Sureste de España (Almería, Murcia, Alicante), el desierto avanza cada vez más deprisa, a razón de varios metros al año. Las razones son muy complejas y variadas, pero no cabe duda de que la acción humana es un factor de aceleración. Por ejemplo; cada pocos meses es necesario cambiar el substrato de varios miles de metros cuadrados de los invernaderos que ocupan grandes extensiones de esas zonas. Los suelos agotados y repletos de productos químicos nocivos se llevan a escombreras y se sustituyen por suelo nuevo traído de los montes y zonas fértiles cercanas. Con ello se van eliminando capas de "humus" y se dejan al descubierto zonas de laderas que inmediatamente son pasto de la erosión, tanto eólica, como acuífera (afortunadamente llueve poco). A esto hay que añadir las nuevas enfermedades que padecen los agricultores, causadas por los productos fitosanitarios y cuya curación suele ser muy difícil. Pero gracias a ello, media Europa dispone de hortalizas frescas todo el año y unas pocas familias y empresas multinacionales mantienen unos ingresos notorios.
Pero el desierto está apareciendo más cerca de nosotros. En algunas zonas de la mitad norte de España, se ha alcanzado un grado de salinización tan elevado que las tierras dejan de producir y muy pocas plantas pueden sobrevivir en ellas. El desierto de Los Monegros o Las Bardenas no siempre han estado así. Incluso en Castilla y León han aparecido estos problemas, afortunadamente en menor extensión y todavía con menos intensidad, pero la amenaza está cada vez más cerca.
En las líneas siguientes vamos a ver cuales son algunos de nuestros recursos naturales, cómo conservarlos y cómo explotarlos con la mínima perturbación al medio ambiente.
Se denominan RECURSOS NATURALES a todos aquellos beneficios que nos ofrece la Naturaleza, bien de forma espontánea o bien estimulada por el hombre.
Cuando se habla de recursos naturales lo primero que hay que hacer es una clasificación de los mismos conforme a un criterio muy fácil de entender:
RECURSOS RENOVABLES: Tienen un ciclo de producción en la naturaleza, de modo que, si el hombre los utiliza conociendo su ritmo, la disponibilidad de reservas puede ser suficiente. Es decir, son aquellos recursos que permiten una explotación, más o menos intensa y controlada, sin que se agoten con facilidad. Como ejemplos están los productos forestales y los alimentos de origen vegetal y animal. También se puede incluir el agua en aquellas regiones donde el balance hídrico sea positivo, es decir, donde el agua consumida se reintegra, cuando menos, a la misma velocidad con que se usa, gracias a los ciclos naturales (lluvias, escorrentías, infiltraciones, etc.).
RECURSOS NO RENOVABLES: Son aquellos que no se regeneran una vez extraídos y no se forman mediante ciclos rápidos y regulares, como ocurre con las plantas. Son recursos no renovables, los recursos minerales y las aguas en zonas con balance hídrico negativo. Entre los recursos minerales se encuentran los minerales metálicos, los minerales industriales, las rocas ornamentales y de construcción, las rocas y minerales energéticos (carbón, petróleo, uranio) y los materiales gemológicos. Entre las aguas, las encontramos de varios tipos y para usos diversos. No son lo mismo las aguas del mar, que la de los ríos o las que manan del interior mediante pozos o fuentes.
Las reservas de recursos no renovables son fijas y normalmente sólo pueden ser explotados una vez. Aunque, en los últimos años, están apareciendo tecnologías que permiten un cierto reciclaje de algunos materiales. Sin embargo, tales tecnologías resulta aún demasiado caras y existe una gran inercia a proceder a su aplicación. Sólo las medidas coercitivas de las autoridades y la incipiente conciencia ecológica de la población permitirá en un futuro, esperemos que próximo, aprovechar mejor estos recursos y mejorar la calidad.
En Valladolid, no tenemos muchos recursos naturales. Quizá el mejor recurso de nuestra provincia sea el suelo. En la mayor parte de los casos el suelo es un recurso no renovable, aunque existen técnicas, bien conocidas por los agricultores, que permiten un buen aprovechamiento de la tierra y, por ello, nuestra provincia muestra un gran rendimiento agrícola. Pero el suelo, por sí mismo, no es realmente un recurso, ya que necesita determinados climas y aportes hídricos para generar y aportar los verdaderos recursos renovables que son las plantas.
En el resto de Castilla y León los recursos están más diversificados y algunos son realmente abundantes. Si consideramos los recursos minerales nos encontramos en la primera región de España en cuanto a producción minera. León, Palencia y Burgos poseen el 60 % de las reservas de hulla y antracita de toda España. Sólo León posee el 40 % de las reservas nacionales. León es la segunda productora nacional, después de Asturias. La única mina de uranio que aún funciona en España se encuentra en Salamanca (Saelices el Chico), aunque la fecha del cierre ya está fijada. En Burgos se producen pequeñas cantidades de petróleo.
La producción de electricidad en nuestra región se acumula en las provincias de Zamora y Salamanca, pero se exporta a grandes distancias y en grandes cantidades. Ello gracias al enorme caudal del Duero y sus afluentes (Pisuerga, Esla, etc.) y también, al gran desnivel existente entre la Meseta (800 metros) y las Penillanuras que se adentran en Portugal (400 metros). Por lo tanto, podemos decir que el paisaje y la orografía también constituyen un recurso natural.
Tampoco hace falta mencionar los recursos agropecuarios de nuestra región, ya que son de todos conocidos. Lamentablemente, el clima, en una buena parte del territorio, es un factor que impide un mayor desarrollo de la Agricultura.
Otro aspecto a considerar es la relación entre el desarrollo de los países y el grado de explotación de los recursos naturales. Curiosamente, los países más desarrollados (Europa, Norteamérica, Japón), poseen los recursos más limitados, mientras que los "más pobres" poseen mayores recursos naturales. Sin embargo, las empresas multinacionales explotan tales recursos para su elaboración y disfrute en los países desarrollados. Además, el modo de explotación de los recursos es tal, que provoca grandes deterioros medioambientales.
Mencionemos el desastre ecológico que se cierne sobre una gran parte de la Amazonía. Para la extracción de los recursos minerales existentes en el subsuelo (petróleo, metales, oro, piedras preciosas, etc.) se está roturando anualmente extensiones equivalentes a la superficie de una provincia española.
Otro tanto se hace para la instalación de fincas ganaderas y agrícolas. En consecuencia, el pulmón verde de la Amazonía acabará diezmado en poco tiempo. Esto representa un perjuicio para toda la humanidad, pues influirá sobre la regeneración del oxígeno atmosférico y contribuye a aumentar el contenido de anhídrido carbónico. En zonas selváticas de Asia también están ocurriendo procesos parecidos, en parte por el gran empuje demográfico, pero también se da un aprovechamiento irracional de los recursos.
Afortunadamente, quedan zonas intactas que suponen una alternativa al modo actual de la explotación de los recursos. En la Antártida se han evaluado grandes recursos minerales y pesqueros, pero la administración de este continente corresponde a varios países y existe una moratoria que supondrá la conservación de estas tierras, al menos durante algún tiempo.
Sin embargo, a pesar de este panorama tan negativo, el problema aún tiene solución y se puede retomar a situaciones más favorables aplicando soluciones locales, incluso a nivel personal. Veremos como plantear y resolver una serie de problemas medio ambientales, tanto en relación con la explotación de los recursos naturales, cómo a nivel doméstico.

Alejandro del Valle González.



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