La contaminación de las aguas subterráneas por nitratos



Las actividades agrícolas y ganaderas son una de las numerosas causas de la degradación y contaminación de los suelos, especialmente a partir de la implantación de nuevas prácticas tendentes a conseguir un incremento de la producción. Pero si importante es la contaminación del suelo, no lo es menos la continuación de este problema a través de las aguas subterráneas. La creciente preocupación que sobre este tema existe en la sociedad actual queda plasmada en numerosas normativas aparecidas en muchos países, y especialmente en la Unión Europea, con la publicación de las directivas 86/68/CE (sobre la aplicación de lodos en terrenos agrícolas), 91/676/CE (relativa a la protección de las aguas frente a la contaminación por nitratos en agricultura) y 809/778/CE (referente a la calidad de las aguas para consumo humano).
EL PROBLEMA DE LOS NITRATOS
Una situación problemática generalizada es la creciente concentración de nitratos en el agua subterránea, originada fundamentalmente por el uso incorrecto de fertilizantes nitrogenados en las actividades agrícolas para aumentar el rendimiento de las cosechas. Este origen de contaminación se conoce como fuente extensa o difusa de contaminación y es muy difícil de corregir, en contraposición a las fuentes concentradas o puntuales de contaminación, como puede ser por ejemplo un vertedero de residuos urbanos. Algunas zonas con agricultura intensiva como Valencia, Barcelona y Sevilla presentan elevadas concentraciones de nitratos, varios cientos de mg/l de estos compuestos, cuando el límite establecido para el consumo humano es de 50 mg/l (I.G.M.E., 1985; López Vera, 1994; Porta et al, 1994). Sin embargo el uso incontrolado de fertilizantes no es la única fuente de nitrógeno nítrico en el suelo agrícola, pudiendo considerarse como tales:
- El nitrógeno mineral existente.
- La mineralización natural del suelo, dependiente de la reserva de humus.
- Los residuos de la cosecha anterior.
- La aplicación de nitrógeno orgánico de origen ganadero (purines, estiércoles y deyecciones directas).
- El fertilizante nitrogenado añadido.
Debido a que el exceso de nitratos en las aguas puede deberse a la aportación al suelo de residuos orgánicos de origen ganadero y a la fertilización nitrogenada, se puede decir que las actividades agropecuarias pueden tener efectos negativos sobre la calidad de las aguas superficiales y freáticas, si no se procede con el control adecuado . Si la adición de fuentes nitrogenadas es excesiva por parte del agricultor, se acumulará en el suelo nitrógeno nítrico. La pérdida de este nitrógeno a nivel de un área agrícola, lixiviándose a capas profundas, constituye un riesgo cuando la cantidad de nitrógeno nítrico disponible en la zona de las raíces en un momento determinado sea muy superior a la demanda de la población vegetal existente.
Las principales consecuencias de la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas por nitratos son la eutrofización de los sistemas acuáticos, es decir, el incremento del contenido en materia orgánica del agua, y la pérdida de calidad del agua para el consumo por el hombre. Hay que tener en cuenta que la captación y potabilización de aguas subterráneas para consumo es práctica habitual en numerosas zonas de nuestro país.
CONTROL DE NITRATOS
El control o disminución de las concentraciones de nitratos en las aguas requiere una serie de medidas preventivas -que disminuyen la transferencia de nitratos a las aguas- y correctoras -cuando el nivel de estos compuestos es demasiado elevado-. Las medidas correctoras son más complejas técnicamente que las preventivas, y son sensiblemente más caras. Por esta razón es necesario potenciar la prevención, que puede establecerse según las siguientes actuaciones:
1) Ordenación del territorio: planificación agrícola y delimitación de las zonas vulnerables, definiendo la aptitud de cada terreno para minimizar los riesgos de contaminación.
2) Aplicación racional de nitrógeno a los cultivos. Es preciso realizar un análisis de la fertilidad del suelo y los cálculos oportunos antes de proceder a la adición de fertilizantes.
3) Mantener el suelo cubierto de vegetación y manejar el periodo entre cultivos. De esta forma se consigue controlar los niveles de nitratos para que no sean excesivos.
4) Riego racional. Un riego desmesurado provocaría el lavado de los componentes minerales del suelo, facilitando la llegado de nitratos a la capa freática.
5) Determinar la capacidad del suelo para aceptar purines y ajustarse a ella al distribuir este residuo líquido.

Jorge Mongil Manso



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