Impresiones de un viaje
IMPRESIONES DE UN VIAJE


En el mes de diciembre del año 2000, hicimos un viaje desde Valladolid a Mallocar en avión. En el aeropuerto de Villanubla nos juntamos 170 jubilados de la Comunidad de Castilla y León.
A través de este artículo, quiero contar a los lectores de la revista, mis impresiones y cómo viví esos días de vacaciones.
Dice la mayor parte del personal, que el viaje en avión es más rápido y más seguro. Estoy de acuerdo, pero también es verdad, que los viajeros estamos en tensión, con cara de circunstancias, sujetos a los asientos y sin hablar unos con otros. Solo se siente el murmullo cuando el avión comienza a bajar para tomar tierra y cuando las ruedas del mismo tocan la pista de aterrizaje, las caras cambian por completo, los viajeros aplauden y empiezan las bromas y chirigotas, en una palabra, vuelve la alegría que faltaba durante el vuelo.
Llegamos al Hotel en tres autocares, era un Hotel internacional, donde había ingleses, alemanes, franceses... etc.

En el Hotel ya teníamos reservadas las habitaciones y solo había que presentar el carnet de identidad para que te dieran la llave. En ese momento nos amontonamos en el mostrador como un rebaño de ovejas. Hubo discusiones, empujones e insultos, todos querían recoger las llaves a la vez. Tuvieron que intervenir los guardias de seguridad para formar una cola.
Si les daban un piso alto, querían uno bajo y si les daban uno bajo, querían el alto. Solo había protestas sin fundamento. Los extranjeros nos observaban y a pesar de no entender lo que decíamos, pasaron un buen rato a costa nuestra.
El Hotel era estupendo, con todas las comodidades y la estancia en él fue maravillosa. Los extranjeros muy educados y amables, con ganas de agradar, a pesar de que en los bailes y las fiestas que se celebraban en el Hotel, en mi opinión eran algo sosos y con muy poca gracia para contar chistes. Ahí los españoles llevaban la voz cantante, con más gracia para hacer la juerga y se decían chistes, cascarrillos, poesías, cantares, bailes ....etc.
La estancia en Mallorca fue estupenda; largos paseos por las payas mirando el horizonte con el mar que se confunde con el cielo, recordando los páramos de Castilla en el mes de mayo con el verdor de los campos, donde también se juntan la tierra y el cielo.
Hemos disfrutado viendo los puertos pesqueros y sus lonjas repletas de gran variedad de peces. Al hablar con los pescadores y decirles que éramos de Castilla, nos enseñaron todos los aparejos y utensilios que utilizan para capturar el pescado. Vimos acercarse un pulpo al muro del muelle y la facilidad con el que lo pescaron. Tiraron a unos metros de donde estaba una cuerda con unos anzuelos y atados a ellos unos trozos de algodón y a los pocos segundos el pulpo se abalanzó sobre ellos, quedando clavado en los anzuelos. No hubo más que tirar de la cuerda y sacar un pulpo de unos 3 kg.
De las muchas anécdotas que se contaron, quiero contarles una que me hizo mucha gracia. Un castellano se dirige a un grupo de alemanes diciéndoles que les iba a dar una noticia. Había oído que en España se estaban muriendo alemanes que no se habían muerto nunca. Se quedaron tan serios y cuando el intérprete se lo tradujo, rompieron todos en una sonora carcajada, comentando que era cierto que los alemanes sólo se mueren una vez.
Un domingo fuimos a misa y resultó que la decía un sacerdote alemán, pero al ver que estábamos bastantes castellanos, parte de la misa la dijo en latín, cosa que me hizo recordar mis años jóvenes cuando la misa se decía en latín. Comprendíamos todas las palabras que decía el sacerdote ya que teníamos devocionarios que lo traducían al castellano. Esa misa nos fue fácil participar, ya que los kiries, el credo, el Santus y el Agnus Dei, lo cantaron el latín y al final se cantó el Salve Regina.
Otro día que estaba el mismo sacerdote, dijo toda la misa en alemán, incluida la Salve, y puedo decir que no entendimos ni palabra. Supimos que habíamos llegado a la parte de la paz porque los que estaban junto a nosotros nos dieron la mano.
Creo que cuando cambiaron la misa para que cada país la dijera en su lengua, sí en aquella época el Papa hubiera elegido una lengua para toda la cristiandad, hoy los que participamos en la misa podríamos entenderla en cualquier zona del mundo donde ésta se celebrara. Sería una lengua universal.
En conjunto, el viaje mereció la pena. Son viajes bien organizados por el INSERSO, baratos, con muchas comodidades y con estancias en zonas templadas de España. Se disfruta pasar 15 días con unas temperaturas bastante más agradables que en nuestra Castilla, disfrutando de la brisa del mar, cosa que aquí añoramos, y aconsejo a todos los jubilados que puedan soliciten estos viajes, ya que merece la pena poder disfrutar de ellos.

Julio Vallejo



Deportes, anterior artículo Ir a las portadas de los periódicos 111 al 120 Alcaldesa de la provincia, siguiente artículo de este número