Historia de los quintos de este siglo

Historia de los Quintos de este siglo



Basándome en lo que oí en suposiciones, parece que la fiesta de los Quintos siempre se hizo el 1 de Mayo, pero hasta el 1 de Mayo de 1932 no puedo hablar con mucha certeza sobre este tema. Desde aquí, pido perdón a los lectores, si cometo algún fallo.
Comienzo la historia con la quinta de 1933, 18 mozos de los que hoy solamente viven 3: Julián Vallejo, Cesario Vallejo y Basilio García. Estos son los que ponen un árbol llamado Mayo, por primera vez en la Plaza, instaurando así la costumbre hasta el año 2000. El Mayo se colocaba un año antes del año de su quinta.
Los Quintos tenían la costumbre de poner lumbre por la noche en la Plaza para amanecer el día 1 de Mayo. Pero la quinta de 1933 va todavía más lejos, y acuerdan poner un árbol (tiemblo) en medio de la Plaza.
A las 10 de la noche cogen un carro de baras sin machos, tirado por ellos mismos, y se marchan a la Solana, que está a 6 km, con una cuesta muy empinada, a la arboleda del Quinto Simeón Velasco. Cortan un árbol de 18 metros, lo cargan en el carro y se vienen al pueblo, sudando la gota negra hasta llegar a la Plaza, donde les aguarda Julián con la lumbre puesta.
Hacen el hoyo, adornan el árbol poniendo en la punta naranjas, limones...., etc, lo ponen de pie y cuando lo tienen bien atacado, todos a una gritan: ¡Viva los Quintos del 33!.
Julian Vallejo Se comen sus cacahuetes, apuran el vino que había puesto algún Quinto (todos tenían bodega) y cuando amanece, se encaminan todos a la Cantina de La Coca a tomar el aguardiente y así coger ánimos para ir a por la novia o compañera y asistir al baile, que organizaban en la Plaza ese día con piano. No he podido saber si era el de Bigote o Borreguillo, lo cierto es que se lo pasaban muy bien. Me cuenta mi amigo Julián Vallejo, que los gastos de la fiesta fueron dos duros por persona. Claro que no había cohetes, la merienda era unos cacahuetes, la bebida vino que siempre tenía algún Quinto, la música cinco duros, y no se estrenaba traje (algunos iban en zapatillas).
Con este Quinta se comienza ésta costumbre, que será seguida por todas las demás. La Quinta del 36 tiene un percance a la hora de colocar el Mayo. Después de tenerlo en pie y gritar antes de atacarlo ¡Viva la Quinta del 36!, aflojan una soga, se cae el Mayo y fastidia la esquina de la casa del "Tío Pedro Pollero", mi padre. Los que estábamos durmiendo en la casa nos llevamos un gran susto, pero Gracias a Dios no ocurrió ninguna desgracia.
Con la Guerra, a la Quinta del 39, se la llevan antes de Mayo y estos no pueden celebrar la fiesta ni poner el Mayo.
La Quinta del 40 ponen el Mayo muy jóvenes, con 18 años, y tienen que ir a la Guerra. Ponen un pino precioso y la Quinta del 41 se lo encaña y lo deja de pena.
Al año siguiente la Quinta del 41 pone un enebro muy bonito y los del 40 les devuelven la moneda. La Guerra trastoca el orden de las Quintas ya que van a ella quintos adelantados y así la Quinta del 42 pone tres Mayos.
Terminada la Guerra se restablece el orden y va la Quinta del 43 y pone un árbol. La del 44 pone el suyo y así llegamos a la Quinta del 45.
Esta Quinta deja historia. Los Quintos del 45 han sido los más numerosos del siglo, 26 mozos, y como tal se tiraron un farol trayendo un árbol de 28 metros, pero a la hora de levantarlo, ahí quedó. Recuerdo al señor Salustiano a las 8 de la mañana, cuando iba a quitar la luz del pueblo, que les dice a los Quintos, entre los cuales estaba su nieto Ismael: ¡Pero coño, qué bárbaros, esto no lo podéis levantar!. Así fue, a las 8 allí estaba tendido, y lo único que pudieron hacer es retirarlo de la Plaza para poder bailar y poner uno más pequeño al día siguiente.
Esta es la última Quinta que pone el Mayo en la Plaza, porque en ese año se instala la fuente en la Plaza.
Cesareo Vallejo
La Quinta del 46 pone el Mayo en la Plaza del Silencio, al lado de la carretera, y así hasta que la pavimentaron. Después en las piscinas y por último en 1999, la Quinta del 99, en el descampado de Niceforo Herguedas, donde sustituyen el árbol por un ahorcaperros.
Hoy ya lo ponen mozos y mozas. A las 9 de la mañana pasé por allí y me llamaron todos los Quintos y Quintas, unos 13, y me invitaron a una copa de anís y pastas. De cachondeo les afeo el monolito, ya que más que Mayo como digo, parecía un ahorcaperros. Aún están allí esos dos palos, para que si viene algún turista, pueda contemplarlos.
Me cuentan esos Quintos que la fiesta les supone a los padres una cantidad de 50.000 pts ese día, más otras dos extraordinarias. ¡Cómo ha cambiado la vida!. Los Quintos del 33 hicieron la fiesta con 10 pts, y los del 99 con 50.000 pts.
Que no piensen que esto lo digo como una crítica, sino todo lo contrario. Me alegro de ver a estos Quintos tan majos y que puedan disfrutar. Lo hago porque creo que es bueno recordar y comparar y así darnos cuenta de la evolución de la vida.
Pero lo que sí les pido a los Quintos de este año, es que si ponen el Mayo pongan una cosa curiosa y bonita.
Es costumbre de los Quintos que yo he conocido, correr el torrezno el segundo día de carnaval y el tercer día se corrían las cintas y se mataban las gallinas. Esto se hacía a caballo. Luego se quitó matar a las gallinas y las cintas se corrían en bicicleta.
Quintos de 1999
En Pascuas de Resurrección se corría la rosquilla. Al irse a la mili, el Domingo anterior, salían a pedir por las casas con el alguacil, Sr Andrés Casado, y más tarde con su hijo Gerardo Casado. Entonces se iba a la mili en tres reemplazos, pero solo pedía el que iba a ir, aunque los demás Quintos acompañaran. Esta costumbre desapareció hace años.
Lo que sí era un acontecimiento era el día de la talla en el ayuntamiento. Siempre se hacía el segundo domingo de Febrero. Asistían todos, las autoridades, el secretario, el juez, al alguacil, el médico titular para el reconocimiento y el tallador, que hubiera tenido grado militar en la mili.
A lo largo de mi vida siempre conocí como tallador al Sr Hermógenes Miguel, "Tío Bigote", que fue brigada en la Guerra de Filipinas. Le sucedió Silvino Esteban, "Borreguillo", que fue sargento en la Guerra de España.
Al tallador y al médico les asistían el secretario Gerardo Martín y el alguacil. Los que se libraban de ir a la mili eran los bajos, estrechos de pecho, los que tuvieran alguna deficiencia física o psíquica y los hijos de viuda. Los que tenían poca estatura o eran estrechos de pecho se debía a que de muy niños tuvieron que ir a trabajar, y además, la alimentación fue muy deficiente.
Antiguamente si el padre pagaba una cantidad de dinero, el hijo se podía librar de la mili. Esto originó peleas, discusiones y rencillas entre las familias, ya que al no ir estos, tenía que ir otro en su lugar que había salido excedente de cupo.
Los quintos del año 2001 son: Verónica Aragón Fraile, Hector Arribas Velasco, Enrique Esteban García, Rita Molpeceres Arribas, Felix Sacristán de la Fuente, Jesús Pérez Miguel, Marta Aparicio Herguedas, Belinda Caballero López y Ana Velasco.

EDICIO VELASCO



El viñedo, artículo anterior Ir a las portadas de los periódicos 111 al 120 Amar la lectura, siguiente artículo de este número