Fauna y flora

FAUNA Y FLORA



EL PICO DE LAS CANTERAS: El Pico de las Canteras está en el término de Cabezaespeso. Se trata de un pico esbelto y desde él, mirando al sur, se divisa el Convento de la Armedilla y toda la huerta de los frailes, con su muro de pared de cal y canto, que a pesar de los años transcurridos, hay algunos tramos que están en muy buen estado de conservación. Dentro de las paredes se divisan varias clases de árboles: chopos, robles, olmos, almendros..etc.
Desde el pico, mirando a poniente se ve todo el Valle de Armedilla, las laderas del Solano y Sombrío donde hay muchos pinos, Los Pollatos, toda la cuesta de la Carretera de Quintanilla con sus accidentadas curvas y su bella estampa. Desde el pico mirando al saliente, se ve el mismo valle de la Armedilla hasta el termino de la Puentecilla. El Barco de Valdeprozuelos que se encuentra entre el Pico de las Canteras y el de Pimentel. La cima de estos dos picos está a 100 metros de altura del vado de Valdeprazuelos. Para visitarles, el lado más bonito es subir andando desde el arrollo de Valdeprazuelos, ladera arriba.
Estos dos picos son muy célebres y conocidos por los cazadores debido a la caza que se cría en ellos, sobre todo perdices. ¡Cuantas veces habrán paseado los cazadores de un pico a otro en busca de las perdices!. En los años 60, cuando yo andaba por esa zona, las perdices eran fijas. Pude ver como las perdices burlaban a los cazadores, volando de un pico a otro. Así que los cazadores como no podían matarlas a campo abierto, se buscaban mañas para poderlas matar.
Hacían cabañas de piedra en los picos y se metían en ellas, y otros cazadores iban a espantarlas en ojeo, y así las pobres perdices se acercaban a los picos para refugiarse y allí encontraban su final. Este sistema de caza estaba prohibido, pero era la única manera de asegurar una buena jornada de caza, aunque tengo que decir que a pesar de cazar muchas perdices la caza nunca faltó ya que otras muchas se salvaban y podían criar para la próxima temporada.
Cuando se cerraba la veda y llegaba el mes de marzo, daba gusto ver las perdices emparejadas por los caminos luciendo el colorido de sus plumajes.
En la actualidad, no sé que pasa, pero toda esa caza que había en los años 60 ha desaparecido. No se ven cazadores furtivos como antaño, que tenían que cazar todo el año para dar de comer a su familia. Y venían cazadores de fuera, y en el pueblo había más cazadores que en la actualidad, y si embargo había mucha más caza.
Sobre este tema recuerdo una anécdota. Un día venían seis cazadores de Valladolid cazando desde Pico Roque ladera arriba hasta llegar al Pico de las Canteras. Estábamos el señor Doroteo y yo con las ovejas. Al llegar hasta nosotros nos preguntaron que dónde había caza. Que les habían dicho que en estas laderas había mucha caza pero que ellos no habían visto nada. Entonces el señor Doroteo que era un hombre muy hábil y listo, les dijo a los cazadores que entendían de caza como él de Obispo. Que les había visto cazando por la ladera y lo que habían hecho era espantar a las perdices sin llegar a verlas. Ellos le contestaron que no las podían haber espantado por que no las había, porque en esas laderas tan peladas no se podían criar perdices. En aquella época no había todavía ningún pino plantado. El señor Doroteo dijo: "Les aseguro que las perdices están escuchando esta conversación". Entonces el señor Doroteo les retó a hacer una apuesta. Les aseguró que en 20 minutos haría pasar por encima de sus cabezas más de 20 perdices volando. Los cazadores aceptaron. Les colocó cerca del Pico, repartidos por la ladera. A mí me dijo que echara las ovejas al valle y él dejó las suyas en Cabezaespeso, pues en aquella fecha no había sembrados.
El Señor Doroteo se fue andando entre la casa de Edicio y la mía y por esa zona ya iban las perdices delante de él. Se asomó al barco de Valdeprazuelo, cruzó el páramo de Pimentel y se asomó al Barco de los Graniceros, y desde el Barco cogió el cerral adelante y se asomó al Pico de Pimentel. De allí salieron las perdices derechas al Pico de las Canteras, donde las estaban esperando los cazadores. Pasaron volando por encima de ellos. Cada cazador tiró cuatro o cinco tiros y mataron bastantes. Al final quedaron admirados de la lección que les dio el Señor Doroteo.
Esto lo he vivido yo, y así lo cuento. Los que practican la caza y conocen el terreno lo entenderán. Dirán que los cazadores cuentan muchas mentiras, pero esta historia es cierta.

Julio Vallejo

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