Fuegos en Cogeces a lo largo del siglo XX

FUEGOS EN COGECES A LO LARGO DEL SIGLO XX



La verdad es, que a lo largo de la Historia, en Cogeces tanto en verano como invierno, los fuegos eran una pesadilla. Hasta hace 30 años, nuestro pueblo estaba lleno de pajares, bardas, y casas viejas de madera. Las chimeneas estaban en muy malas condiciones y en muchos casos en contacto con la madera o paja. Por estos motivos, era raro el año en que no se produjeran 5 o 6 fuegos, de mayor o menor intensidad.
Los fuegos que en este siglo han pasado a la historia por su gran magnitud son: la casa del señor Teótimo el estanquero, en la Calle de la Fuente, hoy casa de Doña Vale. Ocurrió en la primera década. Me informa mi amigo Gaudencio, que él no lo conoció, pero que oyó a su madre contar que fue tan grande y rápido, que Teótimo tuvo que tirar a sus hijas por el balcón para que los que estaban fuera las pudieran coger.
El de Pedro "Panadero", en la calle Salsipuedes. Me cuenta mi amigo Vitorino Sacristán que fue de enormes proporciones. Vitorino era aún un niño, contaba con 7 años, allá por el año 1920, y recuerda que se pudo salvar unos cuantos enseres y unos sacos de grano mojados.
En Agosto del año 1936, ardió la posada, la casa de Valeriano Amo "Granicero", donde hoy vive su hijo Valeriano. Yo fui testigo de este incendio. Vivía en la casa de mi padre, que pegaba a la posada, donde hoy vive mi hermano Felix. Ocurrió a las 3 de la mañana y lo detectaron los hombres que estaban durmiendo en la eras cuidando el grano. Bajaron dando grandes voces y diciendo: ¡Ah, fuego en la Plaza!.
Cuando llegaron golpearon en la Posada y en mi casa. Recuerdo aún la voz de Carpín "El Santero", que dijo: "!Levántate Pedro que te quemas!". Tenía 10 años y salí a la Plaza medio desnudo. Cuando me fijé, vi que salía una gran llama de un agujero pequeño y al momento hubo una explosión, volando todo el tejado. Aquello fue horrible. Menos mal que la casa de mi padre era dos metros más alta y desde allí pudieron dominar el fuego con herradas de agua. Agua que lo subían con cántaros de Fuentelapeña. Colaboraron todos los vecinos, desde el más joven al más viejo. Todos ayudaron el lo que podían. Al amanecer el fuego estaba dominado y la Plaza llena de enseres de las dos casas. La casa de Valeriano quedó destrozada con una pérdidas muy elevadas. Pudo haber sido mayor si hubiera tenido metido el grano. La cosecha se pudo salvar porque no estaba dentro de casa, ya que antes se tenía la costumbre de almacenar la cosecha en los desvanes de las casas.
Una de las cosas que más llaman la atención en los incendios de aquella época eran las cadenas humanas que se formaban, y que pertrechadas con herradas, trasladaron agua desde Fuentelapeña hasta la Plaza. Parece mentira pero con ese sistema se aportaba gran cantidad de agua y no había fuego que se resistiera. También se utilizaban los burros con sus aguaderas de 4 cántaros. Cuando llegaban al lugar del incendio se vaciaban en las herradas, ya que con los cubos era como mejor se combatía el fuego.
El fuego en la casa de Severino Olmos fue de cierta importancia. Ocurrió en el año 1952, pero la rápida intervención de la gente, al ser a las 10 de la mañana del mes de Julio, redujo los daños al corral y el pajar.
Entre los años 55 al 65, sigue habiendo fuegos en el pueblo pero ya de menor intensidad. Se van eliminando pajares, bardas, las casa se construyen con cemento. Desde ese momento podemos decir que se han eliminado por completo.
En 1960 los fuegos se trasladan a las eras. Al llegar las trilladoras se hacen grandes hacinas, dándose caso que por una chispa del tractor que movía la trilladora, prendía fuego a la hacina, como el caso del señor Clodoaldo "Churrusco". La pérdida fue muy sentida por tratarse de una familia humilde y buena. Pero después de pasar el disgusto, se pudo arreglar en parte el desastre por la generosidad del pueblo.
Los fuegos siguen, pero se pasa de la era al campo. En los años 70 el pueblo se llena de cosechadoras viejas y los que vienen de fuera también tienen máquinas antiguas. Muchas manos inexpertas producen numerosos fuegos. Raro era el verano que no había seis u ocho fuegos. El fuego más grande que se ha conocido ha sido el del Ancharejo, producido por una cosechadora de Bahabón de Santiago el "Churro". El fuego se propagó muy rápido debido al fuerte viento que hacía. De no haber sido por el Valle del Suso, hubiera corrido varios kilómetros. Cuando llegó al cerral, que estaba pelado, las personas que había allí cortaron el fuego. Fue en este incendio donde nuestro amigo Angel Miguel lo pasó muy mal. Saltó paja quemada de un rastrojo, lo rodeó el fuego y estuvo a punto de asfixiarse. En los años 80 desaparece el fuego. Las máquinas cosechadoras son mejores y más modernas y las personas que las manejan cuentan con mucha más experiencia que antes. Hoy podemos decir que prácticamente no hay fuegos.

Edicio Velasco



La conservación de los recursos naturales, anterior artículo Ir a las portadas de los periódicos 111 al 120 Deportes, siguiente artículo de este número