El problema de los metales
EL PROBLEMA DE LOS METALES


Como es bien sabido, el descubrimiento de los metales supuso un gran avance para la Humanidad. Primero el cobre, el oro y la plata que se podían encontrar con relativa facilidad en la superficie terrestre se emplearon para ornamentación y fabricar pequeños objetos de utilidad limitada. Luego el bronce (aleación con cobre y estaño principalmente) sirvió (y sirve) para fabricar utensilios para diversos fines.
     La forja del hierro fue un paso muy importante, se dice que los hititas, hace 3500 años, fabricaban herramientas y armas con este metal.
     Posteriormente, otros metales fueron descubiertos y empleados para fines diversos. Su importancia fue tal que los griegos y los romanos establecieron relaciones entre los metales y los "planetas" que entonces conocían: Sol-oro, Luna-plata, Venus-cobre, Marte-hierro, Júpiter-estaño, Saturno-plomo, Mercurio-mercurio.
     Durante la Edad Media, hubo una regresión en el empleo de metales, exceptuando los usos militares. Se dice que, en algunos lugares de Europa, hubo una vuelta a la Edad de Piedra. Pero el Renacimiento coincidió con una vuelta al uso generalizado de estos materiales. Según estimaciones de gran fiabilidad, en la España de los Reyes Católicos existían 500 forjas para trabajar el hierro.
     Entre los siglos XVIII y XIX se descubrieron más metales, gracias al auge de la Química y de la Minería en el continente americano y en Rusia. Entre ellos se encuentran: Manganeso, aluminio, cinc, titanio, cromo, níquel, cobalto, molibdeno, vanadio, wolframio y platino. Los tres últimos fueron descubiertos por españoles.
     Además existen los semimetales con propiedades muy características, como silicio, germanio, arsénico, selenio, antimonio o teluro, algunos de los cuales tiene aplicaciones en Electrónica y Nuevas Tecnologías.
     También son importantes las aleaciones o mezclas de dos o más metales, como los bronces (cobre, estaño y pequeñas cantidades de otros metales), latón (cobre, cinc y otros). No hay que olvidarse de los aceros, donde pequeñas cantidades de carbono y otros metales modifican las propiedades del hierro para hacerle más duro, más inoxidable, más tenaz o más ligero. La segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX pueden considerarse la Edad del Acero. Posteriormente vino la Edad del Aluminio, un metal ligero, pero caro que ha sustituido al hierro en muchos campos. El aluminio es más adecuado que el hierro en zonas marinas, ya que la corrosión es mínima.
     Actualmente, nos encontramos en la Edad del Plástico, esos polímeros que parecen servir para todo, pero que cuando se rompen no los podemos arreglar y tampoco hemos aprendido a reciclarlos. Además de los plásticos aparecen otros materiales alternativos a los metales, más ligeros y más baratos, como las porcelanas especiales, los composites o los biomateriales, tan importantes en Medicina para su uso en Traumatología, Odontología, Cirugía vascular, trasplantes y reposición de tejidos dañados.
     Pero, a su vez, algunos metales muestran nuevas aplicaciones. Por ejemplo, ciertos tratamientos antitumorales se realizan con compuestos que tienen platino. Otros metales, como el manganeso, la plata, el mercurio, el cadmio, el níquel o el litio, sirven para fabricar las pilas y baterías que llevan nuestros transistores, relojes, linternas y hasta los juguetes de los niños. El estaño y el aluminio han sido fundamentales para la industria conservera. La plata es indispensable para las fotografías.
     Muchos metales forman compuestos coloreados que se usan como pigmentos. El plomo forma óxidos blancos, amarillos, rojos y anaranjados (minio). Las pinturas blancas, incluidas las de las carreteras, llevan anatasa, un dióxido de titanio de color blanco. Otras pinturas y esmaltes se preparan con colorantes de vanadio, cobalto, cromo, hierro, cobre, etc.
     Además, muchos metales se pueden reciclar. Por ejemplo, en la fundición del hierro (altos hornos) entra mucha chatarra. También se pueden reciclar otros metales como la plata de las pilas y de las radiografías.
     Pero no todo es positivo cuando se habla de los metales. Desde hace años se sabe que muchos metales son tóxicos y peligrosos. Veamos algunos ejemplos:
     El PLOMO provoca el "cólico saturnino", también llamado "cólico de los pintores" o "cólico de plomo".
     El MERCURIO provoca hidrargilismo cuando se respiran sus vapores o se digieren sus sales. La dosis mortal de mercurio está comprendida entre 130 y 320 miligramos (según peso de la persona). Ante una intoxicación leve, el tratamiento se basa en la administración de leche y clara de huevo. Conviene provocar vómitos. También son buenas las mezclas de agua y harina tomadas varias veces.
     El ARSÉNICO, presente en muchos venenos e insecticidas, puede provocar la muerte en un plazo de 5 ó 6 horas, aunque empiezan a notarse sus efecto al cabo de una hora de su ingestión. Recordemos que el óxido arsenioso ha sido uno de los venenos más utilizados para la eliminación de los "enemigos".
     El ANTIMONIO, antiguamente llamado "stibium" toma su nombre de "anti monium" por haber causado la muerte a la mayoría de los miembros de una comunidad religiosa, allá por la Edad Media, gracias a una imprudencia del cocinero.
     El CADMIO y el CROMO están relacionados con ciertos tipos de cáncer.
     El CINC puede provocar serios trastornos, aunque rara vez provoca la muerte. Ante una intoxicación por cinc hay que evitar que el paciente vomite ya que, entonces puede sobrevenir la muerte.
     El COBRE que se encuentra en el "vitriolo azul" (calcantita), en el "cardenillo" y en algunos pigmentos, provoca numerosos trastornos y en casos graves, la muerte. Entre otros remedios, es bueno administrar bicarbonato sódico, jarabes muy calientes (agua muy azucarada), claras de huevo, mucha leche y, en casos extremos, inyecciones de morfina.
     El COBALTO no es muy frecuente, pero se encuentra en algunos pigmentos. Para combatir esta intoxicación conviene tomar mucha leche, huevos, harina y agua.
     Como consecuencia, se van tomando precauciones ante ciertos metales o se restringe su uso. Los clásicos termómetros de mercurio se van sustituyendo por otros de alcohol coloreado o por sistemas electrónicos de medida. Si se nos rompe un termómetro de mercurio en casa hay que recoger todas las gotas y mantener bien ventilada la habitación. El papel de aluminio debe usarse por el lado menos brillante, pues el brillante lleva plomo para que sea más flexible y no se rompa. También hay que evitar los recipientes de cobre para los alimentos.
     Un ejemplo muy actual es la eliminación del plomo tetraetilo de las gasolinas (gasolinas sin plomo) para evitar la dispersión de este metal por el ambiente. Se han hecho estudios analíticos sobre plantas situadas a diversas distancias de una carretera con cierto tráfico y se ha observado que las situadas a pocos metros de la cuneta contienen dosis peligrosas de plomo. Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que las gasolinas sin plomo producen, durante la combustión, una mayor cantidad de hidrocarburos aromáticos, capaces de provocar leucemias y otros cánceres, sobre todo en ambientes cerrados.
     Como puede observarse, los metales nos reportan muchos beneficios pero, también pueden provocar problemas, si no sabemos tratarlos, almacenarlos o deshacernos de ellos. En consecuencia, tengamos en cuenta que no es conveniente abandonar objetos de metal a la intemperie o cerca de corrientes de agua que aceleren su incorporación en los ciclos biológicos. Algunas alergias e intoxicaciones que están apareciendo están relacionadas con la presencia de compuestos metálicos en los alimentos, por haberse incorporado metales en las cadenas alimenticias. Estos trastornos son, por ahora, difíciles de tratar.
     Por el momento, nuestra zona no está muy cargada de metales, como lo demuestra un análisis realizado por el autor de esta nota sobre el agua del pueblo en mayo de 1999, veamos los contenidos de algunos metales:




Sodio 3´0 mg/l Magnesio 11´0 mg/l
Potasio 0´6 mg/l Cinc 0´2 mg/l
Calcio 82´0 mg/l Hierro 0´2 mg/l


Cobre, plomo, cadmio, cromo, níquel, manganeso, cobalto, estaño, antimonio se encuentran en cantidades menores de 0,1 mg/l (partes por millón, ppm).



     Sin embargo, conviene no confiarse. Algunos productos agroquímicos e industriales que empleamos con frecuencia contienen metales. Los vehículos y chatarras abandonados a la intemperie pueden liberar, además de otras sustancias de las que ya se hablará, metales como plomo, cobre, estaño o cromo. El acero inoxidable contiene mucho cromo que, en determinadas condiciones puede solubilizarse y pasar a las cadenas biológicas. Afortunadamente, el hierro no es problema en esta zona, pues la caliza le asimila bien y las dosis peligrosas son muy altas.
     También conviene estar atentos a los vertidos incontrolados que algunas empresas ubicadas lejos, normalmente en otras regiones limítrofes, realizan en zonas poco pobladas. En este sentido, conviene recordar lo ocurrido en Villardefrades, hace unos meses, donde se produjeron vertidos con elevado contenido en aluminio, lo cual ha podido causar un verdadero desastre ecológico. A buen seguro, no será un caso aislado y se habrán producido más circunstancias como esta, pero no se han conocido. Por ello, se recomienda a quienes frecuentan zonas poco controladas, pongan en conocimiento de las autoridades cualquier anomalía o almacenamiento de materiales extraños.

Alejandro del Valle González

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