Entrevista a Saturnino Gómez García ENTREVISTA

Me llamo Saturnino Gómez García, nací el 26 de Septiembre de 1931 en Peñafiel. Mis padres se llamaban Saturnino y Ramona. Tuvieron tres hijos; Jesús, Modesta y yo, que soy el pequeño.

¿Cómo fue tu niñez?
Cómo todos los niños de la época, la educación general básica fue muy escasa y acudí poco a la escuela, ya que las circunstancias no lo permitían. Recuerdo que jugaba a las canicas, al hinque, la peonza y la tanga. A los 12 años comencé a trabajar en casa como zapatero ayudando a mi padre.

Te casas
Me casé en 1958 con Jesusa Puertas que es hija de un vinatero de Peñafiel. Fruto de nuestro matrimonio nacieron 4 chicos y 1 chica. Los cinco hijos han estudiado: El primero es Agente de Seguros; el segundo redactor gráfico; el tercero ingeniero técnico; el cuarto trabaja en la seguridad social y el quinto es zapatero.

¿Cómo y cuando empezó el negocio?
En 1927 mi padre abrió una fábrica de zapatos de Chicarro (zapatos de niños) en Peñafiel. Durante la guerra, el calzado no llegaba de Elche, entonces los zapatos descendían de Peñafiel.

En 1949 empecé como ayudante de guarnicionero con Dario Casado (hacía las mejores collera de la provincia de Valladolid). En aquel entonces para aprender el oficio había que pagar. ¿Le ayuda su familia?
La tienda de Peñafiel siempre ha sido un negocio familiar. Lo hemos llevado entre mi hermana, mi hermano y yo. Nunca hemos tenido empleados. Mi mujer me ha ayudado bastante. En la actualidad yo estoy jubilado y ahora mi hijo el pequeño y un sobrino se han quedado con el negocio.

¿Cómo es la vida de un zapatero?
Es una vida sacrificada. Todos los días me levanto a las 8 de la mañana y me acerco al pueblo donde voy a vender. Por las tardes estoy en la tienda, vendiendo o recibiendo a los viajantes y me acuesto a las 12 de la noche. Aunque estoy jubilado me sigue gustando el trabajo y procuro echar siempre una mano.

¿Recorres muchos pueblos diariamente? ¿Cuántos años hace que nos visita?
Hace 44 años que vengo a Cogeces. Empecé a salir a vender por los pueblos porque era una forma de hacer propaganda al negocio, ganar un poco más de dinero y además porque los pueblos no estaban asistidos de calzado.

¿Alguno de los hijos seguirá con el negocio?
Mi hijo pequeño y mi sobrino. Yo siempre quise que mis hijos estudiaran, no les eduqué directamente para el negocio, les di la oportunidad de estudiar porque veía que era el futuro. Las pequeñas empresas terminarán cerrando y además los jóvenes de hoy, cada vez quieren trabajar menos. Cuando deje de vender por los pueblos, será mi hijo quien lo haga.

¿Cómo consigue el calzado? ¿le visitan los viajantes o va a las fábricas?
Debido a las circunstancias de la competencia, ahora se suele ir más a las fábricas, aunque estas tienen muy buenas redes comerciales para poder recibirlo directamente en la tienda. El 60% del calzado que vendo es de Arnedo (Logroño), el 25% viene de Elche y el resto de Zaragoza.

Para ofrecer buenos precios: ¿tiene que comprar gran cantidad o se une a otras tiendas?
Indudablemente, nosotros movemos bastante volumen de calzado y compramos grandes cantidades. Hoy en día el problema es la competencia y las ganancias no son elevadas porque las pequeñas empresas, como ya he dicho antes, acabarán cerrando ya que la gente es muy exigente y con el tiempo los pueblos tendrán un reducido número de habitantes.

¿Quién compra más: hombres, mujeres o niños?
Por supuesto, quién más se acerca a comprar son las mujeres. A los hombres les gusta comprarse sus zapatos y sus botas. Hay una minoría de calzado que la mujer compra al hombre.

A la hora de vender, da igual que sean mujeres que hombres, lo que hace falta es seriedad, ofrecer buen género a buen precio y que los clientes estén contentos con lo que les sirves.

Qué buscamos ¿precio o calidad?
A la hora de comprar, sobre todo se busca precio y moda, la calidad es indiferente, no se mira porque existe la desconfianza. Los clientes piensan que les vas a engañar y esto no tenía que ser así. Deberían confiar más en las personas que les llevamos vendiendo calzado tantos años, pero debido a la competencia, se da la desconfianza.

¿Qué mira usted como especialista de calzado?
Lo primero que miro es el precio para poderlo vender bien. También miro la calidad y sobre todo el origen del zapato, de donde viene. Si es de la parte de Logroño, es el más apropiado para esta zona, ya que es muy similar a la nuestra y es un calzado resistente y adecuado para la temporada de invierno. El que viene de Elche es más adecuado para el verano.

¿Somos exigentes, traemos una idea concreta?
La mayoría trae una idea concreta, pero todo depende de la moda, ya que es lo que más exigen los clientes. Si un zapato gusta en el mercado, se venden miles de pares de ese modelo.

¿Se dedica a alguna cosa más? ¿se puede vivir de una zapatería?
Mi profesión sólo ha sido el calzado y deseo a los que tienen una profesión que la sigan, porque quien quiere dedicarse a diferentes cosas, al final no se dedica a ninguna. ¿Vende más calzado de invierno o de verano?
Aquí la temporada de verano es muy corta, tres meses, la de invierno es mucho más larga. Las mejores épocas para vender son Septiembre y Mayo, porque salen las nuevas modas y es el comienzo de la temporada. El resto de los meses son normales. En el calzado de verano se gana menos ya que es más barato que el de invierno y por eso se gana menos. Yo prefiero el calzado de invierno.

¿Recuerdas precios de antes? ¿han subido?
En 1948 una bota de Segarra (eran las que usaban los agricultores) valía 99 pts, ahora vale 1795 pts. Había zapatillas que valían 100 o 150 pts.
El calzado deportivo que hoy está en el mercado, empezó a venderse en 1969. Claro está que siempre ha existido, pero no de este tipo y características.

En realidad, el calzado no ha subido mucho, pero hoy las calidades son muy bajas, quiero decir, que en esta tierra existen unos de los mejores fabricantes de calzado, y para que un zapato tenga calidad tiene que valer 15.000 o 20.000 pts, pero la gente sueña que gastándose 3.000 pts es tan bueno como el de 20.000, y eso es imposible.

¿Qué hace con el calzado que no vende y se pasa de moda?
El 15% del calzado cuando termina la temporada, no se puede volver a vender porque se ha pasado de moda. Lo más rentable sería recibir el calzado de fábrica, cuando los clientes ven la moda en el día, pero esto es muy difícil porque no se puede fabricar todo, ya que cuando pides el calzado a fábrica o lo mandas hacer, el día que lo recibes, prácticamente está pasado de moda.
Por su puesto que el calzado que no se vende no se puede devolver a fábrica. Yo lo dono al Centro Reto, a las asociaciones benéficas que lo envían al Tercer Mundo.

Ahora se va con más facilidad a la ciudad. ¿Es más difícil vender?
Algo más difícil si que es, porque no hay la estabilidad que había antes. La gente se cansa de todo y hoy se vive al día.

Anécdotas:
Estoy muy contento de todos los pueblos que he visitado y en todos me ha querido mucho. Un día a las 10,30 de la mañana, llegamos mi mujer y yo a vender a este pueblo. Ella estaba a punto de dar a luz y se puso de parto y la Señora Leonor (madre de Felisa la del kiosco) la metió en su casa y encendió la estufa de leña hasta que llegamos a Peñafiel.

Eva Simón

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