El nivel del mar, el clima y la contaminación
EL NIVEL DEL MAR, EL CLIMA Y LA CONTAMINACIÓN


El nivel del mar, tal como ahora lo conocemos, no es el que ha existido siempre. Ni los mares, ni los océanos que ahora existen han estado siempre así.
Desde 1984 se sabe, con certeza, que el nivel del mar hace un millón de años era 100 metros mayor, que en la actualidad. El descenso en el nivel del mar se produjo como consecuencia de los movimientos de las placas que forman la Corteza Terrestre, que como sabemos están en continuo y lento movimiento, como lo demuestran los numerosos movimientos sísmicos que tienen lugar en ciertas zonas situados en los bordes de dichas placas. Dichos movimientos provocaron el aumento del tamaño de las grandes cubetas que alojan la mayor parte de las aguas oceánicas del planeta y en consecuencia, la disminución de los niveles.
Además hay que considerar otro factor que influye sobre el nivel de los mares, se trata de la cantidad de agua líquida existente en el planeta. Es bien sabido que el clima de la Tierra varía constantemente, habiéndose sucedido etapas húmedas, secas, frías o cálidas. Ello ha modificado las proporciones entre el agua sólida (hielo), líquida y gaseosa. Como es sabido, la mayor parte del hielo se encuentra en las zonas próximas a los polos y en menor proporción, en las zonas altas de los grandes sistemas montañosos.
Desde el siglo XIX se sabe que hace unos 100.000 años una buena parte del Hemisferio Norte estaba cubierta de hielo, en lo que se denomina período glacial, el cual no afectó directamente a la Península Ibérica, pero sí aumentó la pluviosidad en esta zona. Como consecuencia de la glaciación y de la acumulación del hielo en las zonas más frías, el nivel del mar descendió considerablemente.
Pero podemos remontarnos a épocas más antiguas. Durante el último millón de años se han registrado 4 glaciaciones, aunque podrían haber ocurrido más, pero de menor intensidad. La última glaciación, la denominada Würm, comenzó hace 70.000 años y terminó hace 10.000 años. En la Península Ibérica existieron glaciares en los Pirineos, en los Picos de Europa, en el Sistema Central y en Sierra Nevada. La vegetación en el resto de la península era esteparia y el paisaje muy árido. Al mismo tiempo, se calcula que el mar se encontraba 120 metros por debajo del actual, lo cual ha hecho pensar que la mayor parte de la población humana vivía en zonas costeras, con un clima más benigno que en el interior. Pero tales zonas, ahora están cubiertas por el mar que, en la actualidad alcanza un nivel muy alto. Si se realizaran estudios arqueológicos en tales zonas sumergidas, probablemente se encontrarían ruinas correspondientes a tales civilizaciones. La leyenda de la Atlántida tendría una explicación, aunque su ubicación exacta todavía no se conozca.
Desde hace 20.000 años (cuando terminó la última gran glaciación), el calentamiento de la Tierra ha sido relativamente rápido. Así se sabe que hace 12.000 años el nivel del mar se encontraba ya a 40 metros por debajo del actual. Hasta hace 8.000 años el mar ascendía a razón de metro y medio por siglo.
Hace 6.000 años se registraba el clima más benigno en Europa, con una distribución muy homogénea de las precipitaciones, incluida la Península Ibérica. Era la fase climática denominada  el Óptimo Atlántico" cuando Europa se encontraba cubierta de bosques. Esta situación se prologaría por algún tiempo, ya que según las crónicas romanas, una ardilla podía recorrer la Península Ibérica sin bajarse de los árboles. Al mismo tiempo se sabe que en el Sur y en el Sudeste de la península había una gran aridez, como lo demuestran los restos arqueológicos y el modelado del paisaje.
Hace 3.000 años el mar ya se encontraba a niveles muy próximos a los actuales. En la actualidad asciende a razón de 15 centímetros por siglo.
Las variaciones del clima tienen registros más recientes y detallados. Ya en nuestra era, en la Edad Media, entre los años 750 y 1150, se dan temperaturas medias un grado centígrado mayores que las actuales, con un clima bastante benigno por toda Europa. En la Península Ibérica se produjeron buenas cosechas en la Meseta y sequías en la zona mediterránea.
Entre los años 1350 y 1850 existió una pequeña  edad del hielo" a la que algunos autores denominan "eoglaciación". En los Alpes los glaciares se extendieron por debajo de sus límites actuales. En muchos lugares del Norte de Europa, como Escandinavia, el hielo cubrió grandes extensiones, sobre todo entre los años 1740 y 1750.
Durante el siglo XX se produce un aumento de las temperaturas en Europa, sobre todo a partir de 1950. En Francia y en la Península Ibérica los inviernos se suavizan, aunque en otros países de la Cuenca Mediterránea y en los Balcanes no ocurre así.
Aunque no están muy claras las causas de las glaciaciones y en general, de los cambios climáticos, todo parece apuntar a causas astronómicas relacionadas con la geometría de la órbita terrestre alrededor del Sol y con la inclinación del eje terrestre. También hay que tener en cuenta la propia actividad solar que sufre importantes variaciones que son todavía objeto de estudios. Por ejemplo, se tienen registros de gran actividad solar hacia 1950, cuando el Sol alcanza los mayores niveles de radiación.
Otros factores que pueden afectar al clima terrestre son más complejos. La propia acción de los volcanes con la expulsión de gran cantidad de gases y de cenizas al aire se sabe que ha provocado cambios climáticos en zonas muy extensas del planeta, incluso en los últimos años.
Tampoco debemos olvidar una de las teorías más barajadas sobre la desaparición de los dinosaurios, la cual se refiere a la caída de un gran meteorito, hace 65 millones de años, como consecuencia de lo cual se produjo una inmensa "polvareda" en el planeta que llegó a ocultarlo de los rayos solares, provocando un cambio generalizado de clima con la desaparición de numerosos vegetales y animales. Esta teoría, aunque no se ha podido demostrar completamente, tampoco ha sido descartada por completo.
En los últimos años se está hablando mucho de la modificación del clima terrestre por la actividad humana, en concreto la causada por el aumento de la concentración de anhídrido carbónico (CO2) en el aire, como consecuencia de combustiones. El anhídrido carbónico es capaz de retener parte de la energía calorífica que emiten los cuerpos calientes, como por ejemplo, el suelo sometido a insolación. Este calor retenido por el anhídrido carbónico no sale de la Tierra y se va acumulando provocando un aumento de temperatura generalizado, es el llamado "efecto invernadero". En los últimos años, la temperatura media en al Atlántico Norte y en otras zonas del Hemisferio Norte ha aumentado 2 grados centígrados, ello puede provocar la fusión de grandes masas de hielo en el Artico. Otro tanto podría ocurrir en el Hemisferio Sur y provocar la fusión de hielos en la Antártida. Como consecuencia de tales fusiones puede aumentar el nivel de los océanos y provocar problemas en algunas zonas costeras. Hasta ahora el nivel del mar ascendía a razón de 15 centímetros por siglo, con estas consideraciones el aumento podría alcanzar los 40 centímetros por siglo. Los más pesimistas piensan en un aumento del nivel del mar de hasta 2 metros por siglo.
Pero la suavización del clima en zonas frías, como el Artico y el Norte de Europa no es nueva y favorecería a ciertos tipos de vida. Al mismo tiempo, en las zonas con climas cálidos, como por ejemplo el sur de la Península Ibérica, el calentamiento y la falta de precipitaciones, favorecería la desertización del terreno, como se vienen comprobando en extensas zonas de Almería, Granada, Murcia, Alicante e incluso en otras provincias más al norte.
Por otro lado, la presencia de anhídrido carbónico en el aire favorece el desarrollo de la vegetación, la cual controla tales niveles y contribuye a la oxigenación de la atmósfera, a la vez que constituye una reserva de materia orgánica que contribuirá a la alimentación animal, incluida la humana. Para completar el ciclo, la descomposición de la materia vegetal y su acumulación en zonas pantanosas contribuirá a la formación de carbón y de petróleo que, al cabo de unos millones de años, durante su combustión contribuirá a aumentar, de nuevo el contenido de CO2 en la atmósfera, además de suministrar energía calorífica y mecánica.
Por todo ello, podemos decir que la acción humana no es tan decisiva en el cambio climático como piensan algunos, aunque puede contribuir a acortar algunos ciclos biogeoquímicos, como el del carbono cuyo contenido total en la Tierra, al igual que el de agua no debe sufrir grandes oscilaciones.

Alejandro del Valle González



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