El matrimonio Fidencio Herrero y Beatriz Ribón
EL MATRIMONIO FIDENCIO HERRERO Y BEATRIZ RIBÓN

Fidencio es hijo de Fidencio Herrero y Natividad Molpeceres, un matrimonio que económicamente partió de cero. Como se suele decir, "de la noche y el día", pero con un gran espíritu de trabajo y emprendedores. Estas dos cualidades les hará ir prosperando.
Muy pronto comenzarán a meterse en negocios y a ampliar su capital. ¡Eso sí!, como todas las personas, que de la nada quieren prosperar con su trabajo, tienen que soportar estrecheces y dificultades. Después vendrán los buenos resultados, incluidos sus 4 hijos.
Pues bien, Fidencín, como todos le llamamos para distinguirle del padre, es el primer hijo del matrimonio. Nace en el ambiente antes mencionado y pronto entiende el sacrificio que están haciendo sus padres, ayudando a estos con su trabajo.
Yo a Fidencín, le conocí de muy niño, como todo el pueblo. Pero cuando descubrí sus cualidades fue a los 13 años. Me quedé perplejo y admirado como un niño pensaba como una persona mayor. En aquellos años, sus padres tenían un atajo de ovejas y Fidencín iba con ellas de pastor. En esa época yo me jubilé, y para distraerme, me eché unas pocas ovejas y cabras. Por las tardes en verano, después de echar la partida en el Bar, las soltaba un poco por el campo. Solía coincidir en la parcela donde Fidencín soltaba también el ganado, y comenzamos a conversar (cosas rara que un niño hable con una persona mayor). Lo cierto es, que este niño me impactó de tal manera, que le cogí un cariño enorme y le pronostiqué que sería una persona responsable.
Este niño me decía, el grandísimo esfuerzo que hacían sus padres para sacarles a todos adelante, y como él, estaba dispuesto a ayudarles. Pero lo más grande es que siempre iba con su libro en la mano. El niño se hace mayor y junto con sus padres consiguen salir adelante, ampliando el capital que tenían. Además, Fidencín, no solamente es un joven muy trabajador, sino que es una persona sociable, divertida, deportista y sana. Tiene la gran suerte de tener unos amigos modelos, que se juntan bajo la peña el "Uracán" (la mayoría de ellos casados y con hijos).

Como deportista practica el fútbol y jugó en nuestro equipo de delantero centro, era un caza goles. Después ha participado con su peña en los torneos de futbito organizados en nuestro pueblo en los meses de julio y agosto. Volviendo a la peña "El Uracán", diré que estos chicos pronto se echan novia, y Fidencín tiene la gran suerte de conocer a Beatriz. Beatriz Ribón Cortine, hija de Alejandro y Vicenta, es natural de Valladolid. Un año vino a pasar la fiesta de San Antonio a casa de su tío "Flechilla" en Cogeces. Se conocen, enamoran, casan y después de un tiempo tienen una preciosa hija llamada Sandra. Beatriz tiene 3 hermanos y va al colegio hasta la edad de 14 años, terminando la EGB. Después se dedica a trabajar en el negocio de sus padres, en una tienda de comestibles. Al igual que Fidencín, sus padres la educan en el trabajo y la honradez. Una vez casados, se plantean el futuro, pero de momento deciden quedarse casa uno en casa de sus padres, ayudándoles en el negocio, para que después les ayuden a ellos. Así lo hicieron y Beatriz tiene que desplazarse todos los días a Valladolid a trabajar en el negocio de sus padres. Pronto, padres e hijos se dan cuenta del problema y entre todos deciden construir una casa donde poder vivir y montar una explotación ganadera en Cogeces. El joven matrimonio, siempre ayudado por sus padres, compran una parcela de 2 hectáreas en el termino "El Macucal". Montan una nave para 20.000 pollos de ceba y después la amplían con una nave para 400 ovejas y en la actualidad están haciendo un almacén (todo hecho por ellos mismos). Lo cierto, que yo que soy un enamorado de mi pueblo y de las personas que deciden quedarse en él para trabajar y darle más vida, me siento muy orgulloso. Un día, en mis paseos diarios en bicicleta, me metí en su explotación, con la sorpresa de que Beatriz estaba ordeñando las ovejas. Fue algo que me llamó la atención al ver a una mujer trabajar así con el mono puesto. Más tarde, nos sorprendió a mi amigo Ladis y a mí, verla montada en el tractor, y con la pala, acercar los ladrillos a su marido, que estaba construyendo el almacén, así como cuidando la nave de los pollos. Hablando con su marido Fidencín, me decía que el mérito era de su mujer, ya que ella le ayudaba mucho en el trabajo, además de apoyarle en todo. Él era el primer sorprendido de que una mujer nacida y criada en la capital, se adaptase también a un pueblo y al trabajo con el ganado y en la casa. Pero además, es su mujer la que lleva todo el papeleo de la explotación, quitándole a él trabajo y quebraderos de cabeza. Desde éstas páginas, os deseo mucha suerte y os agradezco vuestro ejemplo. Jóvenes como vosotros, son los que hacen grandes a los pueblos.

EDICIO VELASCO



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