Editorial

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DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

En este mes de Marzo hemos celebrado el Día de la Mujer Trabajadora. Los medios de comunicación se ha hecho eco de la realidad de miles de mujeres que en nuestro país compaginan el trabajo, fuera y dentro del hogar. Hemos escuchado lo duro que supone una jornada laboral, donde muchas mujeres tienen que vivir a un ritmo frenético para poder ocuparse de su trabajo y cuidar de sus familias. La sociedad está cambiando, y hoy reconocemos y valoramos el trabajo de la mujer. Muchos matrimonios jóvenes comparten las tareas del hogar y la mujer hoy se siente más apoyada que antes.
Pero hay unas grandes olvidadas. Me refiero a esa mujer de más de 50 años, a un numeroso grupo de mujeres que se dedican, como rezaba en los antiguos carnets de identidad a S.L ( a sus labores). La historia de muchas mujeres, puede verse reflejada en la carta que un día Martín Descalzo recibió de una madre de familia. " A los 7 años me decían que era tonta porque me gustaba hacer lo que mis maestros y padres me decían; a los 15 años porque creía en el amor y la amistad y no me gustaba criticar; a los 20 porque en vez de buscar un novio rico y con buen porvenir, me enamoré de un muchacho de familia humilde, que con mucho sacrificio llegó a tener un trabajo decente; a los 30 porque acepté todos los hijos que el Señor quiso enviarme; a los 40 porque en mi casa estaba siempre llena de familiares y amigos de mis hijos y no me importaba trabajar para ellos; a los 50 porque acojo a mis hijos siempre que vienen a casa y les ayudo cuando están en dificultades; a los 60 porque la casa está llena de mis nietecitos y los tengo mientras mis hijos están trabajando". Ahora mis propios hijos se suman a los que me han llamado tonta toda la vida:"Sí tú eres tonta, madre, nosotros te admiramos, pero nunca haremos lo que tu has hecho. No has sabido aprovechar la vida, no la has disfrutado. Pero yo les contesto siempre: No os pido vuestra admiración, sino vuestro cariño".
Seguramente, muchas de vosotras al leer esta carta, os habéis visto reflejadas en ella. Poco valoradas en vuestra niñez y juventud, porque en aquella época no se llevaba que las mujeres estudiaran: para qué, si iban a ser amas de casa y para fregar no se necesitan muchos conocimientos. La juventud estuvo marcada por la autoridad de vuestros padres, y el matrimonio supuso privaciones y sacar adelante una familia. Los hijos, la casa, la ayuda al marido, el privarse de muchos caprichos, el dar unos estudios a vuestros hijos que vosotras no tuvisteis, el acoger a los padres mayores. Cuando vuestros hijos son ya mayores, todavía está la madre que siempre está dispuesta ayudar y la abuela que recibe a los nietos, porque los hijos tienen que trabajar y alguien tiene que quedarse con ellos. Y cuando llegáis a ser mayores. Pues como siempre: " los hijos no nos pueden tener porque no hay sitio en la casa, porque les damos mucho trabajo, porque........." Y sabéis que tendréis que ir a una residencia o aguantar como podáis en vuestras casas.
Esa es la realidad de muchas mujeres maduras. Todo ese gran segmento de población femenina que supera los 50 años. Todas esas mujeres olvidadas que han sacado adelante miles de familias a través de un trabajo que no se paga, ni tiene horas, ni hay seguridad social, ni supone un prestigio social. Son las grandes tontas de nuestra sociedad, como escribía esa madre de familia.
Hoy quisiera, como hijo de una de esas mujeres, dirigirme a todas vosotras para deciros GRACIAS.
Quizás no sea gran cosa, pero es lo que sale del corazón. Fuisteis nuestras maestras, catequistas y consejeras. Nos enseñasteis lo poco que sabíais en conocimientos, pero nos demostrasteis que el cariño y el amor hacen que una familia salga adelante. Lo que somos, os lo debemos a vosotras y a vuestra constancia.
Quisiera terminar con la respuesta que Martín Descalzo dirigió a la autora de la carta: " Esos hijos, aunque alguna vez parezcan sonreirse ante usted, están salvados. Ya nunca podrán olvidar que han sido queridos. Tal vez lo comprendan más tarde, pero un día se sentirán orgullosos de su tonta madre".


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