Diez normas para amar
DIEZ NORMAS PARA AMAR


Un saludo a todos los lectores de nuestra revista tiempo. En estos meses cargados de acontecimientos y donde muchos de ustedes celebrarán o estarán invitados a las primeras comuniones de sus hijos, nietos, familiares o amigos, les vendrá a la mente un recuerdo de su infancia. El día en el que ustedes celebraron por primera vez el sacramento de la Eucaristía.
Recuerdo que cuando era pequeño e iba a la catequesis, el sacerdote nos preguntaba la doctrina y nos obligó a aprender los diez mandamientos. Me costó mucho aprenderlos, porque no comprendí el significado de esas diez normas, que la mayoría empezaban por una prohibición, empezaban por un NO. Eran tan abstractos y grandilocuentes, que cuando terminé de aprenderlos, nunca más los medité. Se quedaron en mi recuerdo, porque lo que aprendes de niño, siempre queda en tu interior.
Pero un día leí en un artículo, un comentario a los mandamientos que me ayudó a amarlos y saber que mereció la pena haberlos aprendido. Que detrás de esas palabras y frases, existía un mensaje para mi vida, para nuestras vidas. Hoy les ofrezco en este editorial, un comentario a los mandamientos, pero sobre todo, una forma de entenderlos y valorarlos.

1º.- Amarás a Dios. Le amarás como a tu padre o como a tu mejor amigo. Recuerda siempre que Dios nos es abstracto, sino Alguien que te ama y a quien tienes que amar. Sabe que a un Dios a quien no se puede amar, no merece existir. Le amarás como tú sabes: pobremente. Y al mismo tiempo que amas a Dios, procura huir de todos los ídolos de nuestro mundo, eso ídolos que nunca te amarán y siempre desearán robar tu corazón.
2º.- No usarás en vano las grandes palabras: Dios, patria, amor. Hablarás de esas grandes realidades con respeto y no las usarás jamás contra nadie, jamás para tu propio provecho.
3º.- Piensa siempre que el Domingo está muy bien inventado, que no eres un animal de carga creado para sudar y morir. Busca en este día el silencio para encontrarte con la soledad, con la naturaleza, con la familia, con los amigos, con Dios. Piensa que en tu alma hay flores que necesitas regar desde el descanso, la ternura y la fe.
4º.-Recuerda siempre que lo mejor de ti lo heredaste de tu padre y de tu madre. Procura amarles con ternura por el amor que te dieron y olvidar sin rencor sus fallos. Una parte de ti está en ellos y una parte de ellos está en ti. Ser padres es difícil.
5º.- No olvides que naciste carnívoro y agresivo y que es más fácil matar que amar. Vive despierto para no hacer daño a nadie. Sabes que se puede matar hasta con negar una sonrisa y que tendrás que dedicarte apasionadamente a ayudar a los demás para estar seguro de no haber matado a nadie.
6º.-No aceptes nunca la idea de que la vida es una película del Oeste en la que el alma sería el bueno y el cuerpo el malo. Tu cuerpo es tan limpio como tu alma. No temas pues a la amistad ni al amor: ríndeles culto, precisamente porque les valoras. Pero no caigas nunca en esa gran trampa de creer que el amor es recolectar placer para ti mismo, cuando el amor es siempre transmitir alegría a los demás.
7º.-No robarás a nadie su derecho a ser libre. Tampoco permitas que nadie te robe a ti la libertad y la alegría. Recuerda que te dieron el alma para repartirla y si no lo haces, serás lo mismo que los ríos que se estancar y se convierten sus aguas en balsas pútridas.
8º.-Recuerda que, de todas tus armas, la más peligrosa es la lengua. Rinde culto a la verdad, pero no olvides dos cosas: que jamás acabarás de encontrarla completa y que en ningún caso debes imponerla a los demás.
9º.-No desearás la mujer de tu prójimo, ni su casa, ni su coche, ni su vídeo, ni su sueldo. No dejes nunca que tu corazón se convierta en un cementerio de chatarra, en un cementerio de deseos estúpidos.
10º.-No codiciarás los deseos ajenos ni los propios. Solo de una cosa puedes ser avaro: de llenar de vida los años que te sean concedidos. Recuerda que solo quienes no desean nada, lo poseen todo. Y sábete que, ocurra lo que ocurra, nunca te faltarán los bienes fundamentales: el amor de Dios Padre, que está en los cielos, y la fraternidad de tus hermanos, que están en la tierra.



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