Una sociedad que quiere escuchar

UNA SOCIEDAD QUE QUIERE ESCUCHAR



        Con frecuencia, el mundo de los adultos no comprende la forma de actuar de la juventud. Nos parece que ser joven es vivir como cuando nosotros lo éramos, y nos olvidamos que la juventud de cada época es distinta: tiene sus valores y contravalores. Por eso a través de este editorial quisiera exponeros lo que en una charla entre sacerdotes de la zona, se nos comentó sobre la juventud. Estas claves no son absolutas, porque cada joven, cada persona es un mundo, pero en líneas generales nos pueden ayudar a comprender, y sobre todo, a acercarnos sin recelos a los jóvenes de nuestra época.

VIVEN EL PRESENTE
        Los jóvenes viven el presente, el aquí y el ahora. El futuro para ellos es sombrío y el pasado no vale. La niñez y adolescencia no les aportaron la libertad que tienen ahora. Todo ello les hace ser pragmáticos y no buscan cambiar la sociedad, sino que la sociedad les de una calidad de vida. No tienen grandes utopías como en los años 60 o 70. Son más realistas y creen que no todo es posible.
Una de sus vivencias más profundas es la noche. Los fines de semana se preparan para vivir a tope esos momentos. El fin de semana para el reloj del tiempo, el tiempo cotidiano (el trabajo, los estudios, el pueblo, el fracaso escolar.....) y se sienten libres del mundo de los adultos: de sus padres, sus jefes, profesores...etc. de esta forma se tapa el miedo al futuro que para muchos de ellos es sombrío. La sociedad no les ofrece muchas oportunidades, y las pocas que tienen no les llenan.
En la economía no son austeros, no hay que ahorrar. Hoy estamos aquí y mañana Dios dirá. Por eso el gasto que tienen suele ser grande y a veces llega al despilfarro con tal de disfrutar de la vida.

CUIDAN SU CUERPO
        Para ellos el cuerpo es su capital físico y por eso lo cuidan. Lo cuidan en el alimento, en la cosmética en el deporte. El deporte ha pasado de ser un forjador del espíritu moral (capacidad de esfuerzo, equipo, lucha, nobleza) para ser un medio de cuidado de su estética. También el cuerpo es su lenguaje. Nosotros estamos acostumbrado a relacionarnos por medio de la expresión verbal, con palabras. El joven lo hace a través de su cuerpo: el vestido, el baile, las miradas, la forma de moverse. Nos puede extrañar cuando entramos en un local juvenil, escuchar la música alta y ver que casi nadie habla. Esto no es verdad, el lenguaje para el joven no es solo palabras, la música también es un lenguaje y cada uno de sus movimientos quiere decir algo.

PARA ELLOS EL MUNDO ES COMPLEJO
        Todo en la vida es complejo y se debe a multitud de factores. Ya no hay frontera entre lo bueno y lo malo, entre el bien y el mal. Por eso se da un relativismo en todas las facetas de sus vidas. No hay verdades absolutas, ni tampoco explicaciones absolutas.

TIENEN UNA MENTALIDAD MÁS ABIERTA
        Para ellos el mundo no tiene fronteras. Ya no hay tanta diferencia entre culturas, razas, países. Son más compresivos ante nuevas realidades sociales: homosexualidad, parejas de echo, divorcio, aborto. Y además diferencian mucho la realidad: publico-privado; Iglesia-Estado; trabajo-ocio.......etc. Son más tolerantes, exigen más respeto y no toleran la humillación. Rechazan el autoritarismo, en todas las facetas de su vida: familia, escuela, trabajo, fe. Son más solidarios que el mundo de los adultos, prueba de ello son las innumerables Organizaciones Humanitarias a las que pertenecen. La solidaridad para ellos es un valor en este mundo. También surge con fuerza el ecologismo, cuidado de la naturaleza como un bien universal que debe ser preservado y no agredido sin piedad.

SON RELIGIOSOS
        Son religiosos, pero rechazan en la Iglesia todo lo que sea burocracia e institución. También no absolutizan una sola religión, sino que seleccionan de todas los contenidos más apetecibles. Saben que algo les tiene que explicar el sentido de la vida y sobre todo la experiencia de la muerte, pero no creen que sólo una religión tenga la verdad absoluta.

Ante todo esto: ¿qué hacer?
        Lo primero es evitar lamentaciones o críticas arrogantes. Más bien hay que tener un alto grado de comprensión y ponerse del lado de los jóvenes en todo aquello que es positivo en sus vidas, a la vez que es necesario abrirles los ojos sobre los peligros que pueden llegar a experimentar con algunas actitudes que tienen, ya que pueden llevarles al sufrimiento y al fracaso. Pero quizás el mejor método esa el acompañamiento y la cercanía.



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