Una página para los venideros

UNA PÁGINA PARA LOS VENIDEROS


       Corría el año 1918. En los primeros días del mes de octubre del referido año, apareció en España una enfermedad contagiosa denominada por los médicos "epidemia gripal", de cuyos
resultados, obtuvo la nación muy fatales consecuencias. Tan rápida y contagiosa fue la tal epidemia, que en menos de una semana invadió todos los pueblos, ciudades y caseríos, propagándose hasta el último rincón de la península, a pesar de las medidas previsoras que tomó el gobierno, que a la sazón era el Señor Maura (Don Antonio), y tal fue el pánico que sembró entre los moradores, que había gran abstención de visitar y asistir a los enfermos, y aún enterrar a los muertos que eran víctimas de la epidemia.
       Por lo que afecta a Cogeces, baste mirar el cuadro necrológico adjunto, cuyo resumen fue el siguiente: en poco más de 15 días, fallecieron 38 personas, estos, 29 adultos y 9 párvulos, cuya edad y estado en él va consignado. Tal fue el estrago que la epidemia causo en este pueblo.(ver página siguiente).
       Los vecinos consternados, reconociendo que el azote venía del cielo, al cielo elevaron la vista en demanda de auxilio, por lo cual el Ayuntamiento de consenso con el párroco, acordó sacar en procesión por las calles del pueblo a San Roque, abogado de la peste, cuyo pregón fue publicado a son de tambor el día 13 de octubre. Reunido el pueblo en la Iglesia, allí se acordó nombrar una comisión para hacer una colecta a domicilio. El que esto suscribe, fue nombrado miembro de dicha comisión, y con las limosnas recaudadas que fueron 254 pts en metálico, más en especies de trigo y otros granos que se emplearon en misas, procesiones, sermones y un novenario solemne, que con profunda devoción y acompañamiento, recorrió con el Santo todas las calles y plazas, callejas y callejones, y no hubo rincón por pequeño y apartado que fuese, donde no entrase el glorioso San Roque. ¿ Y cesó la peste?. No por completo, pero desde el último día de la novena y última procesión, no murieron más que dos, y la enfermedad decreció con tal rapidez, que de 600 y pico invasiones que había al comenzar el novenario, ni la quinta parte quedaron al terminar, y estas desaparecieron paulatinamente unas, y aceleradamente otras, en virtud de lo cual muchos lo atribuyeron a milagro del bendito San Roque, que desde el cielo nos manifestaba su intercesión y poder. Esto solo Dios lo sabe. A los hombres solo nos toca acatar su santa voluntad, confiar en su divina providencia y clamar incesantemente: ¡Gloria a Dios y a sus santos en el tiempo y en la eternidad!.

Teodosio Arribas


Fauna y flora, artículo anterior Ir a las portadas de los periódicos 101 al 110 Cuadro necrológicos, siguiente artículo de este número