Las niñas y la vendimia

LAS NIÑAS Y LA VENDIMIA



        Antes, cada cual tenía su majuelo o viña. Para que produjera fruto, había que realizar durante todo el año un trabajo duro. En Diciembre se cavaban las viñas con azadón y se llevaba la merienda para este trabajo, pan y vino. En Enero se podaban y se recogían los palos, llevándoles debajo del brazo izquierdo. Se solía pasar mal cuando se enredaban en el delantal, ya que los sarmientos iban en todas las direcciones. Esto nos hacía ir bien separadas para evitar arañazos en la cara. Los palos les atábamos y les tejíamos las puntas. ¡Qué arañazos nos hacíamos en las manos!. Cuando estaban atados y tejidos se llamaban manojos. Se traían a casa para meterlos en la gloria o en la cocina y así nos calentábamos con ellos. En la actualidad son muy apreciados para asar las chuletillas de lechazo.

        En Mayo se cavaba otra vez las viñas y el que quería hacía injertos. En Julio se azufraban las viñas con azufre para evitar que pudieran tener la enfermedad del oidio. El oidio es una enfermedad que hace que las uvas se sequen . Todo este trabajo se hacía para conseguir el deseado vino, una bebida que antes se consumía mucho en las casas y era necesaria para resistir los duros trabajos del campo.

        Cuando llegaba el mes de Octubre, que era el mes de la vendimia, era el tiempo de la recogida del fruto. Se empezaba el trabajo lavando los cestos de mimbre. Estos se metían en el arroyo un día antes y así el mimbre se fortalecía y podía soportar el peso de las uvas. Otra labor era el lavado de los cubetes donde se echaba el mosto para su fermentación. Esto lo hacía cada cual a la puerta de su bodega. Era bonito ver el paisaje: bodegas, cestos en el arroyo, cubetes y el dueño lavándolos con un saco que hacía las veces de delantal y una escoba áspera en la mano para frotarlos bien.

        Al día siguiente, una vez que estaban lavados los cestos, se colocaban en el carro. Como el carro se llenaba con los cestos, las vendimiadoras se metían dentro de los cestos. Era divertido ver las cabezas por la carretera de Valladolid, carro tras carro en caravana. Una vez que se llegaba al majuelo había que salir del cesto que te llegaba hasta el hombro. Los más ágiles salían solos de un salto, los más torpes tenían que ser ayudados poniendo el cesto tumbado y salir a gatas.

        Después de salir del carro, había que darse prisa y nos poníamos a cortar los racimos entre cantos, risas, lagarejos, a la vez que nos hartábamos a comer uvas. Los lagarejos eran las bromas que nos gastaban los mozos durante la vendimia. Consistía en que los mozos cogían un racimo en las manos y lo exprimían en la cara de las mozas. Si nos tapábamos la cara, nos exprimían el racimo donde podían. ¡Buenas risas se pasaban los mozos con esta broma!. Además como había muchas moscas, todas iban a posarse en la cara y lo pasabas realmente mal. A esto se llamaba lagarejo.

        Los racimos los echábamos en cestos pequeños llamados canastos. Estos cuando estaban llenos el vendimiador se los cargaba al hombro y los vaciaba en los cestos grandes que estaban en el carro y cuando estos estaban llenos se hacía el

viaje al lagar. Unos tenían el lagar en casa y otros en la bodega. El lagar consistía en un rectángulo más o menos de 5 metros de largo por 3 metros de ancho, cerrado con una pared de 1 metro de alto. El piso era de cemento haciendo lavadero. En el suelo había un orificio en la parte más baja, por el cual corría el mosto a la pila, una vez en la pila, lo embalsábamos en cántaros o garrafones para luego vaciarlos en los cubetes donde fermentaba el mosto.

        Si el invierno era muy frío, había que sacar el mosto, cocerlo y caliente volverlo a echar en el cubete, de esta forma fermentaba el mosto y se convertía en vino. Por la boca de los cubetes salía espuma sucia, que despedía un tufo infernal, y tenías que salir rápidamente de la bodega para no marearte.

        Cuando el vino dejaba de fermentar, se trasegaba en Marzo a otros cubetes más pequeños, quedando en el fondo las heces, y así se conservaba todo el año. El resto de la uva, los ollejos, se prensaban a base de hacer el pie. Esta labor consistía en hacer un montón de ollejos, más ancho el montón en la base. Encima se ponía un trillo viejo o unas tablas, se colocaban piedras encima para prensarlo bien, saliendo un zumo muy claro, que se embotellaba y se le agregaba azúcar y de esta forma se conseguía el aguardiente anisado. A esto lo llamábamos mostela que era una bebida típica casera que se guardaba para Navidad y para los días señalados. También el zumo que salía de los ollejos se vendía para hacer aguardiente.

        Con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea hemos tenido ventajas y desventajas para nuestro campo, pero la mayor desventaja ha sido la desaparición del viñedo y con el viñedo se han cerrado bodegas y se ha perdido las risas y bromas que existía en el campo durante el mes de Octubre.

Agustina García



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