La historia es vida

LA HISTORIA ES VIDA



Siguiendo con la explicación que en el número anterior hicimos sobre el portal de la Iglesia, continuamos en este número con el interior de nuestro templo parroquial. Una de las cosas que llama la atención al entrar en él, es el desnivel que existe entre el suelo de la Plaza de la Iglesia y el suelo de nuestro templo parroquial. El suelo de la Iglesia está mucho más bajo que el suelo de la Plaza. La Iglesia tiene caída desde la puerta exterior, hasta las escaleras del altar mayor. No es de extrañar que en tiempos de fuertes tormentas el agua se colase en su interior y produjera inundaciones como nos cuenta en su historia Teodosio.

Al entrar en la Iglesia nos encontramos con el nuevo suelo de madera colocado en 1997. La Iglesia había sido entarimada por primera vez en el año 1950, siendo sacerdote Don Jesús Enjuto. La obra se realizó como remedio contra el frío y la humedad. Pero ¿ qué hay debajo del suelo de madera? Al desmontar la tarima vieja, tuve la suerte de poder contemplar el suelo original. El suelo es totalmente de piedra y está dividido en tumbas.

Este dibujo puede hacernos una idea de la forma que tienen las tumbas; tres losas del mismo tamaño, con dos losas pequeñas en los extremos que dividen el espacio de cada tumba, y en la losa del medio, un agujero con gancho para poder levantarla. En el presbiterio, al pie de la escalera del altar mayor, aparecen alineadas cuatro tumbas iguales sin inscripción alguna. Creo que se trata de personas importantes en la historia de nuestro pueblo ya que el lugar de las tumbas está emplazado en el altar mayor, cerca de donde el sacerdote celebra la Eucaristía. Como en muchos sitios, el lugar habla del tipo de persona que está en él y su proximidad al altar, nos hace suponer que se trataba de gente importante ya que las tumbas se vendían a las familias. Dentro de la Iglesia, la única tumba con inscripción, es la perteneciente al sacerdote de nuestro pueblo Juan de Rodrigo.

Las escaleras del altar mayor son de piedra y hacen como en la actualidad, una curva. Una vez subidas las escaleras, nos encontramos con un suelo de baldosas pequeñas de piedra y pizarra. El contraste es muy bonito y se pensó dejar al descubierto esta zona cuando se entarimó la Iglesia, pero debido a su mal estado y que la mayoría de las baldosas estaban rotas en las esquinas, se decidió tapar. ¿Por qué se enterraba en las Iglesias antiguamente?. Esta pregunta queda contestada desde la fe de la Iglesia primitiva que creía que la Iglesia era el lugar donde los fieles celebraban en vida el gran sacramento de la Eucaristía, y no solo en vida, sino también en la muerte. Los muertos se unían a los vivos en las celebraciones comunitarias y era normal que cada familia se situase en la Iglesia encima de la tumba de sus antepasados. La Iglesia militante se unía a la Iglesia triunfante.

Cuando llegué el pueblo se me comentó que la tumba de Juan de Rodrigo se encontraba en la cruz del jardín de la Iglesia, pero esto es inexacto ya que Juan de Rodrigo se encuentra enterrado enfrente del altar de la Virgen del Rosario. La tumba es una losa de dos metros de largo por un metro de ancho. La inscripción que aparece es la siguiente: Aquí yace sepultado Juan de Rodrigo, consultor del Santo Oficio de la Inquisición. Primer cura propio hijo de vecino de este lugar, antes de Fuentepiñel, fuelo de esta Santa Iglesia del año del Señor de 1639 hasta el 28 de Agosto de 1676.

Este lugar escogido por Juan de Rodrigo tiene una gran simbología. En primer lugar su tumba está dentro de la Iglesia, algo muy lógico teniendo en cuenta que en aquella época la mentalidad de los creyentes era enterrarse dentro de los templos y más aún un sacerdote. También tenemos que decir que Juan de Rodrigo fue un gran devoto de la Virgen y seguramente en su altar celebró numerosas Eucaristías. Nuestro sacerdote quiso que sus restos reposasen frente al altar de nuestra Señora como un homenaje al la Madre de Dios, y a ella se encomendó después de su muerte.

De la inscripción que aparece en la tumba, sabemos que Juan de Rodrigo fue sacerdote de Fuentepiñel y que desde 1639 hasta el 28 de Agosto de 1676 lo fue de nuestro pueblo. Un total de 37 años de sacerdote en nuestro pueblo, siendo el primer hijo del pueblo sacerdote de nuestra parroquia. A él le debemos las numerosas obras realizadas en nuestra Iglesia y sobre todo el haber recogido la historia de nuestro pueblo en el libro de Bautismo.

Juan Medina

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