La catequesis y la primera comunión hace 60 años

LA CATEQUESIS Y LA PRIMERA COMUNIÓN HACE 60 AÑOS

La catequesis se formaba en dos círculos, uno de chicas y otro de chicos. Nos la daba en la Iglesia todos los Domingos Don Hilario Sanz, sacerdote de la parroquia a las niñas, y a los niños Antonio Villar. El sitio era la Iglesia y hacíamos círculos con los reclinatorios para sentarnos; i que revuelo preparábamos para hacer el círculo!. Los reclinatorios ocupaban el lugar de los bancos en la Iglesia y cada unos de ellos tenía la inicial del nombre y los apellidos de la dueña. Los hombres se sentaban en bancos en la parte de atrás de la Iglesia.

El reclinatorio era una silla baja para sentarse y arrodillarse, con un respaldo alto para poder fijar los codos y que utilizaban las mujeres durante la celebración de la Misa.

En la catequesis nos enseñaban de todo. Lo que más nos gustaba eran las parábolas, ya que como niñas, nos parecían cuentos que nos enternecían. Cuando nos explicaban alguna, estábamos todas muy atentas y nos quedábamos con las ganas de decirle al sacerdote que nos siguiera contando más historias. Acabada la catequesis, volvíamos a colocar los reclinatorios bien en filas.

Por asistir a la catequesis, nos daban un vale en el cual se leían refranes, moralejas, consejos y oraciones. El sacerdote nos decía que los guardásemos, porque al final del curso nos daría un premio.

ASISTENCIA De las malas compañías
los halagos seductores,
veneno son que emponzoñas
los más puros corazones.
Cuantos más vales tuviéramos por asistencia, mayor y mejor sería el premio. Así que un poco que nos gustaba oír las parábolas y la vida de Jesús y otro poco la ambición de querer llevarte un buen premio, asistíamos a la catequesis todos los
Domingos con ilusión y curiosidad. Nos decíamos unas a otras los vales que teníamos, pensando en el día de la clausura y el regalo que nos iban a dar, porque por aquellos tiempos carecíamos de regalos, cuentos, juguetes y libros, ya que sufríamos las consecuencias de la Guerra Civil Española. Una vez pasada la catequesis, señalarnos la fecha para celebrar la Primera Comunión, el día 26 de Mayo de 1938, día de la Ascensión. Ese día te sentías más feliz, porque en casa, en la catequesis y en la escuela, notabas que estaban más pendientes de ti. Ese día cada una vestía como podía, hubo vestidos de varios colores y de segunda mano (arreglado el vestido de un familiar). Los complementos eran corona, gasa o velo, rosario, guantes y bolso (eran todos prestados). Las niñas que fueron de blanco y bien, se podían contar con los dedos de la mano.

El día de la Primera Comunión, nos reuníamos todos en las casas de los maestros, y bien formados de dos en dos, y acompañadas por las maestras Doña Adriana y Doña Gila, y los niños por los maestros, llegábamos a la Iglesia. Los maestros eran nuestros segundos catequistas, ya que todos los miércoles y Sábados en la escuela dábamos Historia Sagrada y Religión. Nos la enseñaban por medio de grandes láminas donde aparecían pintados los grandes personajes de la Biblia, sería como en la actualidad ver la película de los Diez Mandamientos.

Una vez que terminaba la celebración, salíamos en formación, primero las chicas con las maestras y luego los chicos con los maestros. Luego íbamos a pedir la propina por las calles del pueblo, y la maestra designaba a una niña que era la encargada de guardar el dinero. Recorríamos las calles del pueblo gritando; ¡Los de la Primera Comunión!, y salían todos de las casas a vemos y nos daban la propina. Si la casa era de alguien de la familia, te daban la propina por separado. Ese día había un griterío en el pueblo ya que nos podíamos juntar entre chicos y chicas unos 60. Me acuerdo que el día de la comunión llovía mucho y tocamos a media peseta de propina, que junto con la propina que nos daba la familia, hacía un total de una peseta. Ese día en las casas se comía mejor.

Ese día era el más feliz. Entre lo arregladitas que íbamos a la Iglesia, el ser los protagonistas en la celebración, recibir por primera vez a Jesús y con una peseta en el bolso, éramos las más felices del rnundo. Después de la celebración de la Primera Comunión, teníamos el día de la clausura de la catequesis que era el día de San Pedro. Se preparaba una gran mesa en la parte de atrás de la Iglesia con los regalos que era misales, evangelios, catecismos, rosarios con su rosariera (bolso pequeño donde se metía), crucifijos, medallas, estampas y libros religiosos. En cada regalo se leía el número de vales que había que entregar para conseguirlo. Una vez acabada la misa, nos ponían en filas y los primeros eran los que más vales tenían, pasaban por la mesa y recogían su regalo, así hasta el final.

En la Plazuela nos los enseñábamos unos a otros y muy contentos nos íbamos a casa y se lo enseñábamos a nuestros padres. Al siguiente curso, comenzábamos las chicas a ser catequistas, siguiendo el mismo método de vales y regalos.


Agustina García

Fauna y flora, anterior artículo Ir a las portadas de los periódicos 101 al 110 Historia de Gabriel Esteban "Borreguillo", siguiente artículo