"Historia de la orquesta AZUL"
HISTORIA DE LA ORQUESTA AZUL


   Siguiendo el relato que comencé en el número anterior de la revista llegamos al momento de que comparar los instrumentos. En aquella época en proporción eran más caros que en la actualidad. saxofón costaba entre 8.000 y 9.000 ptas., la trompeta 4.800, la batería 5.000 y en aquella época el sueldo un obrero era de 40 a 50 ptas. al día.

   Nuestros padres no estaban convencidos de lo que queramos, les parecía que eso era tirar el dinero. después de muchos ruegos decidieron soltar. D. Gregorio García se encarga de comprarles y le acompaña a Madrid, Alberto de la Fuente, padre de Daniel. Llegan 1os instrumentos, comienzan las clases y por distancia que nos separa, los días de diario no podemos ir, solo vamos los Domingos y festivos. Mientras nuestros amigos se divertían, nosotros en la bici con los instrumentos a Cuellar. El profesor de Cuellar era más caro, nos costaba 150 ptas. al mes. El dinero del profesor lo teníamos que pagar nosotros de las propinas (por lo menos en mi caso). Así estuvimos un año y medio. Ya íbamos tocando y Don Gregorio nos va metiendo a algunos en la Banda. En ese tiempo Felix se va a Francia, Daniel de Fuente se tuvo que comprar la batería. A los demás se nos acerca la edad de cumplir con el servicio militar. Daniel López toma la decisión de ir a San Quintín con el fin de poder entrar en la banda de música, allí pasó todo el servicio tocando. Luis Angel le tocó a Zaragoza y un servidor fui voluntario a Móstoles (Madrid). Móstoles es m pueblo que en aquella época tenía 2.000 habitantes y en la actualidad tendrá unos 200.000. Mi intención era seguir con la música pero en Móstoles no hay profesor. Me informan que en Villaviciosa de Odón, un pueblo que estaba a 6 kms., hay un profesor de música. Para poder ir tengo que solicitar permiso y me lo conceden con la condición de que tengo que entrenar con el equipo de atletismo, ya que practicaba ese deporte y había participado en los campeonatos de España de fondo. Todos los días entrenábamos y a los atletas nos daban un bocadillo de toreznos. Yo seguía con el profesor de música hasta que me licencié.

   En el año 1961, casi todos nos licenciamos menos Daniel de la Fuente y volvimos al pueblo. Felix regresa de Francia. Empezamos a ensayar y volvimos a Cuellar con el director. Pronto nos da trabajo y el primer pueblo en el que tocamos fue Roa (Burgos). Nos dijo que era un pueblo donde habla que hacer poco: tocar dianas y la Romería de la Virgen de la Vega. Cuando llegamos vimos que era un pueblo grande y que a la Romería asistieron unas tres mil personas, se trataba de una procesión de envergadura y no lo que nos dijo el director que era todo muy sencillo. Pensamos que salíamos de esa era de milagro, pero salimos y todo fue bien. Ya desde ese día no paramos y en poco más de un año tocamos en 20 pueblos y cada año más, ya que solíamos repetir casi en todos. Pronto Felicito Esteban nos contrató para el Salón de baile, Domingos y festivos, excepto los días que nos coincidiera con fiestas fuera. También tocamos en el salón de Campaspero.
   Así estuvimos hasta el año 1964, en ese año Felix dejó la música y le sustituye su primo José Luis Herguedas, que en la actualidad es el que está. En 1967 los Danieles tienen que salir fuera del pueblo, Luis Angel lo había dejado, José Luis pronto tiene que hacer el servicio militar y un servidor seguí en el pueblo dos años, tocando con los Pichilines de Peñafiel y con un grupo de Cuellar. Al mismo tiempo iba enseñando música con los que luego formamos el conjunto músico-vocal LOS MONTES, pero eso ya es otra historia.
   También quisiera contaros en este artículo algunas de las numerosas anécdotas que nos ocurrieron a lo largo de los años en los que actuamos.
   En el año 1963, en San Miguel del Arroyo, en la fiesta que hacen en primavera en honor de la Virgen de Fuenlabradilla, tocamos como de costumbre en la procesión y luego teníamos que tocar en la sesión de la tarde. Nada más empezar el primer pasodoble desde el balcón del Ayuntamiento, echamos la vista a tras y vimos al Señor Alcalde del pueblo todo serio y entristecido. Nos manda parar y nos dice: "bajo mi responsabilidad y como máxima resposabilidad de este pueblo, queda suspendida la fiesta". Le miramos todos sorprendidos y le preguntamos cual era la causa de la suspensión. Nos contesta: "Ha muerto el Papa Juan XXIII. Pueden ir recogiendo ustedes todo el equipo y pasen por el despacho para que les pague el señor Secretario, la fiesta queda suspendida". Nosotros hicimos lo que nos mandó, cobramos y con el coche del Señor Bruno López regresamos a Cogeces.
   Otra vez en Cuellar en la fiesta de San Cristóbal, fiesta de los conductores, la asociación de conductores nos contrató para tocar unos pasacalles por Cuellar y más tarde hacer una pequeña actuación. Al poco de empezar a tocar llegaron los policías municipales y nos pararon. Los municipales nos comunican que la asociación no tenía permiso de las autoridades para la fiesta. Después de mucho diálogo entre ellos y el Alcalde, no se pusieron de acuerdo y tuvo que intervenir el director de la banda de música de Cuellar, Don Gregorio García para que se nos pagaran, ya que nosotros no teníamos la culpa de los posibles errores que cometieron entre el ayuntamiento y la asociación. Nos pagaron y con las mismas nos fuimos a Bahabón y nos comimos un lechazo a la parrilla. Vinimos un poco tarde de Bahabón ya que era verano y si volvíamos pronto nos tocaba ir a segar a mano.
   Otro día estábamos en Escarabajosa de Cuellar y teníamos que dar dos sesiones, una por la mañana y otra por la tarde-noche. Por la mañana acompañamos a las autoridades a misa y empezamos a tocar en la Plaza del Pueblo. A la segunda canción que tocamos se preparó un fuego en el pueblo y toda la gente se fue a apagar el incendio y nos quedamos solos. Esa sesión no la dimos y nos pagaron todo.
   Otra de las anécdotas divertidas que me ocurrieron con el grupo de los Pichilines de Pefíaflel fue en un pueblo de Burgos, Santibañez de Esgueva. Como de costumbre acompañamos a las autoridades hasta la Iglesia. Como era verano, íbamos en manga corta y entramos en la Iglesia. El cura que nos vio se dirigió en voz alta a nosotros y nos dijo delante de todo el pueblo: "No saben los músicos que en la casa de Dios no se puede entrar en manga corta". Nosotros nos salimos y después de dar la procesión, se tenía la costumbre de que el cura diera un refresco en casa. El alguacil nos manda entrar y nosotros le contestamos que dijera al cura que si en la casa de Dios no se podía entrar en manga corta, todavía menos para entrar a su casa y con las mismas nos marchamos.
   Nuestro vestuario consistía en : chaqueta azul clara, pantalón gris oscuro, corbata azul marino, camisa blanca y zapatos negros. Aquí tenemos que recordar que Luni Herguedas nos hizo los trajes. También teníamos un equipo de megafonía muy sencillo: dos altavoces, dos micrófonos de cabeza gorda y un amplificador. El equipo lo compramos en Valladolid.
   Estuvimos como grupo musical Orquesta Azul 6 años actuando. En aquella época lo que más se tocaba era pasodobles, jotas, el cha cha chá, el bayón, el vals, el tango, merengue, fox. Entre los cantantes más populares cuyas canciones cantábamos estaban el Duo Dinámico, Los Brincos, Manolo Escobar, Rafael y se empezó a escuchar a Julio Iglesias con la canción de  La vida sigue igual", los Relámpagos y los Pequeniques. Aquí tengo que decir que el batería de los Pequeniques es primo de Pilar Miguel, la responsable del Coro Parroquial. Una de las canciones más famosas de aquella época era "El Aracrán" y el "Cubanito".
   Estas dos canciones daban muchas posibilidades para improvisar y la gente disfrutaba mucho y se reía con ellas porque metíamos chistes y anécdotas en ellas. Otra de las cosas que solíamos hacer era tocar la canción típica de cada pueblo, como aquí en Cogeces es el pingacho.
"" Antes todo tenía que ir por contrato y pasado por el sindicato de espectáculos y la sociedad de autores y el 14% del precio del contrato iba para ellos. Además teníamos una matrícula de dos duros al mes, sino no se podía actuar.
   
Hoy después de 40 años que comenzó esta historia seguimos con la misma ilusión y la buena amistad entre nosotros. Creo que no podemos abandonar lo que tanto sacrificio nos costó.

Goyo Villar

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