Historia de la casa del "Tío bigote"
Imagen original del periódico


Hermógenes Miguel         Por fin se restaura la Casa del Tío Bigote. Por fin se cumple un deseo de los que amamos y queremos lo mejor para nuestro pueblo, así como de todos los que la han contemplado. Todos coincidíamos en lo mismo: ¡Qué pena que este edificio esté abandonado!.

        Ha llegado la hora que resplandezca vigorosamente el mejor, más emblemático, bello y alto edificio de nuestro pueblo, exceptuando nuestra Iglesia, que es punto y aparte. Porque ¿ quién de nosotros no ha pronunciado alguna vez; eres más alto que la casa del Tío Bigote?.

        Al Señor Hermógenes Miguel, (Tío Bigote), como cariñosamente le llamábamos, le llevaron a la Guerra de Filipinas en los últimos años del siglo pasado. Allí pasó 6 años hasta que las tropas españolas fueron derrotadas. Allí hizo una pequeña fortuna, volviendo a Gogeces y casándose el 24 de Septiembre de 1900 con Angelita Alonso. Ella tenía 25 años y él 28. Por ser primos carnales, tienen que pedir dispensa para contraer matrimonio a la Santa Sede, siendo cura Don Pedro Zamarriego. El matrimonio tiene 4 hijos: Dorimedontes, Eutiquia, Ubicberto y Leufrido.

        El matrimonio tiene la genial idea de hacer este edificio en 1921. Es un edificio de tres plantas con 14 metros de altura, 10 m de fachada y 70 cm de anchura de pared, totalmente de piedra, barro cal y madera.

        La fachada es preciosa. Balcones de hierro, piedra labrada, hecha en Cogeces por cogezanos. Me cuenta mi amigo Gaudencio, que de niño cuando salían de la escuela, se iban a la obra a ver como labraban las piedras.

        El constructor o maestro de obras fue el señor Salustiano, un gran profesional, muy inteligente y trabajador. La obra que realizó fue magnífica, pero lo que más me ha llamado la atención, hablando un día con Damián (el maestro de obra que la está restaurando), le comenté que no tenía desnivel, a pesar de la altura y los años pasados. Este me contestó que sí tenía, hacia dentro de una forma intencionada y también trazado por el Señor Salustiano, que nadie lo habíamos advertido.

        Como comentario a esta obra, ya que conozco muy bien este tipo de construcción por haber trabajado en ella, a la hora de subir los materiales se utilizaba el método de la escalera de mano. Consistía en ponerla en la fachada sobre un andamio rudimentario de madera, atado con hatillos y hacer una cadena humana subidos a ella, fijados de espaldas y así se iban pasando las piedras sin darlas de mamar (no apoyarlas contra el pecho) como decía José Cirilo , hombre de genio y fuerza. Por todo esto, digo que esta obra fue de gigantes y que solo se pudo hacer con una dirección exquisita, hombres competentes y trabajadores y una esclavitud enorme, no impuesta por nadie, ya que la vida era así.

        También debo mencionar que los balcones fueron hechos por Manuel Cuellar, abuelo de Paco Martín, que era natural de Portillo y se estableció aquí como herrero. Tenía la fragua donde vive Gregorio Herguedas. Los balcones están hechos a forja y con un gran valor artístico, pero por desgracia la muerte le sobrevivo y no pudo terminar la balconada del edifico lateral.

        Este edificio lo dedica el Señor Hermógenes la primera planta a baile con piano, la segunda a Café y la tercera a trastos. En el edificio colindante es donde habitaba y tenía una tienda de comestibles. Sobre la tienda hay muchas anécdotas, por lo ocurrente y simpático que era este hombre, como la que me contó mi quinto Rucho. A este le manda su madre a por medio kilo de escabeche y le dice: "Dile a Señor Hermógenes que te lo de corrido y con mucho moje". Esto último no se cobraba. Así se lo dice. El Señor Hermógenes se lo pesa, le añade el moje, coge la fiambrera, sale a la calle da dos carreras y le dice: "Toma hijo, di a tu madre que va corrido, trotado y con mucho moje".

        En su cocina, allá por los años 30 al 36 (fecha del comienzo de la guerra civil), sin luz, ya que en aquella época faltaba meses enteros, al calor de la cocina de leña, me cuenta Gaudencio que se reunían su panda a pasar un rato por las noches en invierno a hacer renegar al Señor Hermógenes. Este les contaba sus historias y ellos le decían que era mentira. El se renegaba mucho e incluso les insultaba, pero todo en un buen ambiente, ya que se trataba de pasar el rato porque no había otras distracciones. Con estos, el Señor Hermógenes se lo pasaba bien y los quería mucho, ya que eran clientes fijos cuando el pueblo en aquella época estaba dividido en dos bandos. Cada uno tenía su baile, su Café y su médico. Los del Tío Bigote y los de Gabriel Borregillo, que era la competencia.

        Me sigue contando Gaudencio que lo que más contaba el Tío Bigote era su estancia en Filipinas ya que estuvo allí 6 años. Podemos imaginar lo que este hombre pasaría, pero lo que sí pasó fue el oro en unas colleras de ganado que traían para España en el barco. Esto demuestra la ocurrencia de este hombre.

        Fue un hombre muy humano, como lo demostró con unos familiares suyos "Los Catetos", que vinieron evadidos de otros lugares de España en la posguerra cuando se pasaba hambre y él los acogió. Fue un hombre emprendedor. Aún recuerdo el baile que organizó para chicos donde hoy vive Antonio Velasco Niño. Allí, en un salón viejísimo, un pianillo chiquitín y luz de velas, se podía ir por una perra chica. Tenía labranza y un atajo de cabras que pastaban en la Planta en invierno y según me contó mi primo Tomás Niño, el Señor Hermógenes vestía una vaqueta elegante de cuero, que con su bigote y sombrero parecía un tejano.

        Al fallecer el matrimonio, Hermógenes y Angelita, sus hijos heredan sus bienes. El edificio de esta historia le toca a Dorimedontes. Al fallecer este, lo heredan sus hijos correspondiéndole a Angel. Este reparte los edificios entre sus hijos y la casa del Tío Bigote le toca a Meli y aquí es donde renace esta maravilla de edificio. Meli y su marido Luis, tienen la gran idea de restaurar este edificio heredado de sus antepasados que tantos años ha estado abandonado y que iba camino de la ruina. Desde estas páginas les deseo que disfruten de él muchos años, a la vez de agradecerles la recuperación de este bello edificio para nuestro pueblo.


Foto actual de la casa del "Tío Bigote"


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