Editorial, ¿Es posible la paz?

EDITORIAL


¿ES POSIBLE LA PAZ?


Estos días nuestro país está viviendo momentos de esperanza, el cese del terrorismo puede llegar a su fin. La banda terrorista ETA ha ofrecido a una tregua, y una vez que esta sea una realidad, poder llegar a un acuerdo para hacer posible la paz. Cese de atentados, acercamiento de presos y amnistía. El horror que hemos vivido desde hace muchos años puede llegar a su fin. Es la hora de los contactos políticos, conversaciones, unión y decisión para conseguir una realidad que hace pocos años nos parecía un sueño. La sociedad deja en manos de nuestros dirigentes políticos conseguir ese gran triunfo. Espero que sepan estar a la altura que todos esperamos de ellos.

Pero, ¿qué nos queda a los que somos simples ciudadanos?. Algo todavía más duro: reconciliar, unir, curar heridas, acoger y construir un tipo de sociedad donde todos podamos defender nuestras ideas desde el respeto y la tolerancia. Eso nunca podrá ser tarea de los políticos, que con frecuencia utilizan, nos utilizan, para sus fines partidistas. Es el momento en el que la sociedad tiene que enseñar a la clase política española y nacionalista, que no puede ni debe sacarse partido del deseo de paz. El único beneficio que debemos esperar, es el dejar el miedo a un lado y poder vivir como seres humanos. ¿ Hay que olvidar? Hay que olvidar el rencor y la venganza, pero no podemos ni debemos olvidar a todas esa miles de familias que han sufrido y sufren la perdida de un ser querido. Aquellos que los atentados les han segado las piernas, los brazos, la cabeza, pero sobre todo el corazón. A las familias que ya nunca tendrán, un marido, padre, hijo o hermano cerca de sus vidas. Aquellos que han tenido que dejar una tierra a la que amaban, por miedo a perder la vida. Me niego a olvidar en este momento a todas estas personas. Hay que recordar a todos aquellos que empuñaron un día las armas, el dolor que han dejado en la vida de muchas familias, para que sepan que el camino que hoy comienza, ha tenido un duro precio. Precio que han pagado muy caro muchos inocentes. Tendríamos que poner en cada ciudad los nombres de todos aquellos a los que la violencia irracional segó la vida. La historia, nuestra historia, es la mejor maestra para no volver a cometer los mismos errores.

Recuerdo el hecho histórico acaecido en la Alemania Nazi después de su derrota en 1945. Los soldados americanos entraron en un campo de concentración judío y contemplaron horrorizados la masacre que se había cometido durante 6 años en aquel lugar. Miles y miles de personas fueron torturadas y asesinadas. El comandante americano al mando de los soldados, se dirigió al pueblo vecino del campo de concentración y obligó a todos sus habitantes, a la cabeza de los cuales estaba el alcalde del pueblo, a entrar en el campo y contemplar toda la crueldad que durante tantos años había acaecido a pocos metros de sus vidas. El comandante americano les dijo: "Ahora les toca ver todo lo que durante 6 años no han querido ver; espero que esto sea una lección para todos ustedes y sepan que la paz que hoy comienza ha sido pagada con un duro precio".

Quizás esta pequeña historia no tenga una relación directa con el caso que tratamos, pero nos debe servir para no olvidar a los olvidados. Personas que un día saltaron a los medios de comunicación por un atentado. Que todavía las secuelas psicológicas no han sido borradas de sus vidas. La paz que hoy construyamos tiene que ser tan fuerte y duradera que ningún hombre o mujer pueda atreverse a empuñar un arma en un futuro y que los dirigentes políticos defiendan por encima de sus ideologías e intereses, el sagrado derecho a vivir en paz.

El otro día el obispo de Zamora Monseñor Uriarte decía: " A la Iglesia no la toca entrar en negociaciones políticas con los partidos. Tiene un deber aún mayor y es el de ofrecer a la sociedad vasca y española una esperanza que haga superar los odios y recelos entre las partes. Nos toca construir un nuevo corazón en el interior de cada hombre, nos toca vivir la reconciliación a pie de calle y no en los despachos. Ojalá que estemos a la altura del momento histórico que nos ha tocado vivir y seamos signos vivos del Evangelio de Jesús". Quizás estas palabras sean el mejor resumen de lo que miles de personas sienten en estos momentos, para llegar a vivir la paz, hemos tenido que pagar un duro precio, ojalá que ningún iluminado o loco vuelva a destruir, lo que tanto nos ha costado alcanzar.



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