Monasterio de la Armadilla


©2.000, Javier Arranz Sacristán


Panorámica general del Monasterio

 

A 4 kilómetros de Cogeces siguiendo el arroyo de Valdecas, se encuentran las ruinas del monasterio de Santa María de la Armedilla. Fue fundado en 1147 por monjes cistercienses del vecino pueblo de Sacramenia, a petición del concejo de Cuéllar. Armedilla o Hermidiella (quizás diminutivo de ermita), según los documentos antiguos, era la denominación de un pequeño santuario mariano excavado en la roca a partir del cual los monjes blancos edificaron un primitivo monasterio para la colonización de la zona. En el siglo XV (1402) el lugar es ocupado por los monjes de la Orden de San jerónimo, que edifican un nuevo monasterio, abandonado a principios del siglo pasado, poco antes de la desamortización, y al que pertenecen las actuales ruinas. Del siglo XII quedaba una cripta donde se guardaba la imagen de la Virgen de la Armedilla. La iglesia, de la que apenas subsisten los muros, se edificó en estilo gótico tardío.

 De la magnificencia con que se construyó da fe la portada, de elegante arco conopial, que se conserva en el patio de la Casa de Cervantes de Valladolid. Quedan algunos restos de menor entidad de otras dependencias del monasterio, corno el claustro o las huertas.

En la actualidad, el Ayuntamiento de Cogeces del Monte proyecta la recuperación del entorno del monasterio corno espacio de ocio y esparcimiento al aire libre en el buen tiempo. Además de la dedicación de una amplia superficie a arbolado, se prevee la dotación de mobiliario campestre. El proyecto se completa con otras actuaciones relacionadas con el medio ambiente, como son: la instalación de un sistema de depuración de aguas por lagunaje, la creación de un vivero y una amplia repoblación forestal.

La restauración del ecosistema y la fauna autóctono del lugar, con especies como el Halcón Peregrino y otras rapaces es uno de los capítulos más sobresalientes de este ambicioso proyectó.

 



LA SEGUNDA REPOBLACION DE LAS TIERRAS DE CUELLAR

LA ARMEDLLA DE COGECES DEL MONTE

Una segunda repoblación de la Tierra de Cuéllar - perteneciente a la Extremadura Castellana- esta vez llevada a efecto por el Conde Pedro Ansúrez, tuvo lugar antes de que el monarca Alfonso VI reconquistara Toledo en el año 1085.

Parece seguro que, por aquel entonces, ya existía una ermita con la advocación de Nuestra Señora de la Arrnedilla - inmediaciones de Cogeces del Monte - y que muy pronto adquirió un gran renombre.

La tradición, los documentos medievales y la bibliografía histórico-artística dan testimonio de que, en el paraje y la - antigua Cueva de la Armedilla, los pueblos limítrofes y comarcanos veneraban desde hacía tiempo una efigie de Santa María con el sobrenombre del topónimo referido.

La devoción de toda la comarca y, en especial, la piedad honda y sentida de los cuellaranos a dicha imagen, originaron la ampliación de la Cueva en la roca viva y la construcción exterior de aposentos para acoger a cuantos visitaban la - milagrosa imagen en su "gruta-santuario".

Las aldeas de la - Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar ya formaban parte de la nueva diócesis de Segovia creada por el Pontífice Calixto 11 en 1123.

La importancia creciente de la Armedilla fue originando una gran afluencia de fieles que requería mayores atenciones. De esta suerte, el Concejo de Cuéllar confió dichos cuidados, en 1141, a la Orden Cisterciense radicada en Sacramenta. Poco más tarde, el año 1147, el Abad, Don Raimundo de dicha Orden recibía la donación del lugar de Nuestra Señora de la Armedilla y algunos predios limítrofes en la demarcación de Cogeces del Monte.

Dada la trascendencia de la Armedilla en el pasado de Cogeces, seguimos el relato del historiador Sigüenza a propósito de lo mismo:

"...Los de la villa de Cuéllar, que son vecinos, viendo el mucho concurso de gentes que allí acudía y lo que la santa imagen era respetada por las muchas maravillas que el Señor obraba en ella, como pueblo rico y noble edificaron unos aposentos de buena proporción y traza para que los que iban a visitar la santa imagen tuviesen donde guarecerse; ofrecían allí los devotos muchas limosnas. Acordaron los de la villa que no estuviera aquello tan sin dueño, sino que lo pusiesen manos de gente religiosa. Con esta consideración santa rogaron al abad y monjes de la Orden de San Bernardo que estaban allí cerca en el monasterio de Sacramenia, se encargasen de este santuario. Recibiéronlo y hicieron donación y entrega de todo, como parece por la carta escrita en pergamino y lengua latina, era mil y ciento y ochenta y cinco [año 11471 El abad se llamaba Raimundo, junto con la donación de hermita se señalaban términos de heredad, y pone por menudo las mojoneras.

El historiador segoviano Velasco Bayón aporta el documento latino de dicha donación que dice así:

"...voluntate spontanea nenine cogente, per Dei amorem per nostrorum parentumque nostrorum salutem concedimus locum filum sante Marie de Armedilla domino Raimundo eiusdem loci abbati que etiam est abs santi Marie et santi joannis de Sacramenia ceterisque fratribus in eodem loco sub ordine santi Benedicti in posterum mansuris et modo manentibus".

Dicho texto latino nos merece la traducción siguiente a nuestro romance.

Con absoluta libertad y sin coacción de nadie, por amor de Dios y para salvación propia y de nuestros mayores, donamos el lugar de Santa María de la Armedilla a Don Raimundo su abad, que también lo es de Santa María y San Juan de Sacramenia, y a los demás hermanos acogidos y que han de pertenecer a la Orden de San Benito en este lugar.

A continuación, varios monjes atendían la Armedilla promocionando la religiosidad y la devoción mariana en la Comarca. Al mismo tiempo construían - de acuerdo con las normas y el estilo cisterciense- su templo, casa, claustro y elipta de la "Cueva" donde se hallaba imagen tan venerada de la Virgen.

Dichas construcciones, de finales del siglo XII y comienzos de la centuria XIII, se caracterizaban por su austeridad, predominio de la robustez sobre los vanos y sólidos estribos para contrarrestar los empujes correspondientes.

Su templo de tres naves, separadas por columnas cruciformes, cubiertas con bóvedas de medio cañón, de cuarto de esfera y de crucería, estaba presidido por la típica espadaña del Císter. Estaba provismo asimismo de gran sobriedad ornamental en sus portadas, arcos formeros y fajones, en sus arcos de medio punto románicos y apuntados góticos, en sus ménsulas, canecillos, capiteles, etc.

Las virtudes y observancia rigurosa de aquellos monjes acrecentaron el renombre de la Armedilla y la visita frecuente al Monasterio de numerosas almas y de los pueblos comarcanos, principalmente de las Comunidades de Villa y Tierra de Cuéllar, Peñafiel, Portillo, etc.

A propósito de lo mismo aparece documentado el hecho de que el Concejo de Cuéllar tenía establecido el llamado "Voto de Villa". Consistía en una procesión anual de su vecindario - asistido de su propio cabildo sacerdotal- desde el repetido Monasterio hasta Cuéllar.

Los acontecimientos señalados proporcionaron días de esplendor a la Armedilla y, por tanto, a Cogeces del Monte aldea frecuentada constantemente por la piedad de Castilla.

Los monjes del Monasterio dedicaban constantemente sufragios por las almas de los difuntos, socorrían a los menesterosos, desvalidos y peregrinos, recibían mandas de los rieles y acogían al vecindario de las aldeas comarcanas y a cuantas personas llegaban para asistir a los cultos y en busca de paz o consuelos.

A pesar de las actividades y afluencia referidas, resultó que los monjes del Císter se ausentaron de la Armedilla en el último tercio del siglo XIV por motivos que nos son desconocidos.

 

 

 

LA ORDEN DE SAN JERÓNIMO EN LA ARMEDILLA

El 2 de mayo de 1402, Fray Pascual de Pineda en calidad de Prior, otros cinco monjes jerónimos y cinco donados concedidos por D. Fernando, fundaron la nueva Comunidad de Nuestra Señora de la Armedilla.

Seguidamente los jerónimos derribaron el cenobio que levantaran los cisternienses y construyeron su nuevo monasterio en el mismo solar. La obra concluyó a mediados del siglo XV y fue realizada de acuerdo con los esplendores del estilo renacentista y las últimas aportaciones del gótico.

La construcción - que recibió el patrocinio incondicional y la mayor largueza de los duques de Alburquerque, e importantes donaciones de los fieles- debió reunir las calidades artísticas del buen hacer de sus maestros como Hanequín, hijo del célebre arquitecto gótico Hanequín de Bruselas, etc.

Entonces las circunstancias y la Comunidad de la Armedilla se hacían eco en todo el ámbito castellano por algunos datos como los siguientes:

la intensa vida religiosa de los monjes y su gran dedicación al apostolado; concesiones corno la de ocho donados al monasterio por parte del infante don Fernando; la estancia frecuente de los duques en la Armedilla donde Beltrán de la Cueva firmó su testamento; la administración - por parte de la Comunidad- del Hospital de la Magdalena y del Estudio de Gramática de Cuéllar antes de que su fundador, el Arcediano de dicha villa, profesara como fraile jerónimo en Guadalupe y se trasladara luego a la Armedilla (1437); el hecho de que algunas personalidades de relieve ingresaran en el monasterio en calidad de hermanos, como Femán Velázquez, Consejero del Rey Juan 11 y uno de los firmantes de la sentencia de muerte de D. Alvaro de Luna en 1453, etc.

El Condestable de Castilla, D. Alvaro de Luna, había confiado parte de su fortuna a la custodia segura de los monjes de la Armedilla. Por este motivo la confiscación inmediata de los bienes de D. Alvaro, decretada por el Rey Juan II, negó al monasterio donde la codicia lamentable del Monarca halló más de nueve mil doblas de oro.

A mediados de¡ siglo XVIII, las Respuestas Generales del Interrogatorio de Ensenada registran treinta frailes jerórimos en la Armedilla.

Después de unos siglos de esplendor, que enaltecieron a Cogeces del Monte, llegaron los dias de la decadencia y el ocaso de la Comunidad y el monasterio a comienzos del siglo XIX.

La incuria de los hombres, las carretas del tiempo y la piqueta demoledora de¡ patrimonio artístico y monumental que fue la Desamortización, no sólo convirtieron aquella casa religiosa en el montón de ruinas informes y desoladas que han llegado a nuestros días, sino también -a veces- en cantera de común aprovechamiento.

Aún resaltan sobre dicha escombrera -. muñones de muros resquebrajados, pequeños fragmentos de bovedas y de nervios de éstas, ménsulas, algún vano con arco de medio punto y, destacándose sobre todo lo referido, el gran vestigio de la Armedilla, es decir, su espadaña firme y esbelta que, coronada por la Cruz, se destaca en la paramera y preside tanta desolación, un capítulo brillante de la Historia de Cogeces del Monte y, una vez más, la caducidad de las cosas.

En la primavera de 1989, el Ilustre Ayuntamiento de Cogeces del Monte, de acuerdo con la Villa, declaró día de fiesta al 19 de agosto de los años sucesivos con el fin de que el vecindario acuda en romería al antiguo monasterio para rememorar su legado socio - cultural e histórico, dar los pasos precisos para la consolidación de lo más noble de sus ruinas y honrar a Nuestra Señora de la Armedilla.

 



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